lunes, 1 de diciembre de 2008

# 18. Candados

Un candado ha significado extremos de amor, de odio, de libertad, de prisión y hasta de magia. En política y negocios se pactan candados, esto es, amarres entre corrientes o intereses. Al final, todos atan.

En las pinturas egipcias puede apreciarse a personajes con llaves en las manos y en África se han encontrado cerraduras y candados de madera muy antiguos, mientras que los chinos, desde hace miles de años, fabrican estos artículos, muchos de ellos a base de discos.

Un grupo de cerrajeros mexicanos acudieron a una boda en Mérida, España, y en la recepción, los novios regalaron como recuerdo de ese acontecimiento, una réplica del un candado y su llave, idéntico al encontrado en las ruinas romanas del lugar.

En Europa, en el siglo XV aparecieron los primeros cerrajeros, y se dice que el rey Luís XVI (muerto en la guillotina) fabricaba sus propios candados y cerraduras, algunos de ellos de impresionante complejidad.

En la cultura celta, los druidas o sacerdotes-magos, entregaban al alumno que sobresalía un candado con enmarañadas figuras y tenía el objetivo de que, quien había aprendido la lección, lo conservara como un trofeo. Entre más candados obtuvieran, mayor sería su puntaje como magos druidas.

La Catedral metropolitana de la ciudad de México tiene un altar con cientos de candados, cada uno de ellos es un ex voto que protege, a quien lo lleva, contra las intrigas, los chismes y las maledicencias. El altar está dedicado a un hombre –se cuenta - que predicaba en tierra de infieles y que callaron colocándole un candado en la boca.

Federico Moccia, escribió una novela llamada “Tengo ganas de ti”, de la que vendió 1.1 millones de ejemplares. En la obra, un joven enamorado quiere convencer a su amada de la sinceridad de su amor; para ello, rodea con una cadena el tercer farol del lado norte del puente Milvio, en Roma, y la cierra con un candado. A continuación, tiró las llaves al río. El puente es uno de los más antiguos (206 a. C.) al que confluían importantes vías en la antigua capital del imperio romano. Hoy en día, tuvo que colocarse un farol aparte para los candados que llevan los amantes de todo el mundo. El original estaba, literalmente, doblándose por el peso de miles de ellos.

A finales del siglo XVII salió el candado Polhem, escandinavo, que durante más de doscientos años, fue considerado el mejor, hasta que Master Lock inventó un nuevo sistema, que hasta nuestros días sigue en circulación.

Cuántas películas hemos visto en las que con un disparo el candado sale volando por los aires (la película Ronin, es un ejemplo) La triste realidad es que se han hecho pruebas con pistolas de diversos calibres, e inclusive con rifles de asalto, y los candados siguen sin abrirse. Así que, si son perseguidos y al final hay una puerta con un candado…lo mejor es que busquen otra forma de escapar.

En España se oye con cierta frecuencia la frase de echarle “siete candados al sepulcro del Cid”, que no es más que una forma de decir: olvidemos el pasado y avancemos hacia el futuro.

En la novela “Los triángulos sexuales” (de Octavio Raziel) uno de los personajes, el secuestrado, logra escapar abriendo el candado que le ataba a una cadena, fabricando una ganzúa y un forzador improvisados.

El húngaro Ehrich Weiss, un judío emigrado a los Estados Unidos, cambió su nombre para convertirse en el ilusionista Harry Houdini (1874-1926) especializado en escapismo y no hubo candado o cadena que se le resistieran.

Alberto, en una visita que hizo a una joyería, una persona dejó olvidada una bolsa en el mostrador. La dependiente la quitó del mueble en espera de que la dueña regresara por ella, lo que aconteció minutos después.

-Como en el cuento. Dijo Alberto.

Intrigados, el dueño de la joyería y la dependiente, preguntaron ¿cual cuento?

En cierta ocasión –le contaron- una turista inglesa dejó una bolsa en una joyería. Pero esa vez la persona no regresó. Después de horas decidieron conocer del contenido de la bolsa. El resultado fue que había un candado muy caro y con fama de ser uno de los mejores del mundo; traía, inclusive, la nota de venta de una prestigiosa ferretería. Pasaron un par de semanas, y una mañana se encontraron con que el candado de la cortina había sido inutilizado con ácido y con claras señas de intento de ruptura. Antes de ir a comprar uno nuevo, alguien recordó el candado que nunca recogieron, así que este era el momento ideal de utilizarlo. A la mañana siguiente, el candado estaba cerrado, y todo, al parecer, en perfecto orden, sólo que al abrir el negocio, vitrinas y anaqueles habían sido totalmente vaciados.

Esto es lo que se llama un engaño en diferido.

Por otra parte, debemos recordar que en cuestión de amores, “la puerta negra” es el ejemplo de que, ni con cien candados, pueden separar a los enamorados.

lunes, 24 de noviembre de 2008

# 17. Porno

En cierta ocasión, San Compadre acudió al psiquiatra para intentar curar su compulsión por perseguir a las muchachas (y a las no tan muchachas).
El especialista en problemas sexuales recomendó aplicar la prueba de Rosarch y comenzó a tirar unas cartas del tamaño de las de la baraja, en las que aparecían manchas de tinta.
Tiró la primera
-Una mujer desnuda, respondió San Compadre.
Tiró la segunda
-Una pareja haciendo el amor, dijo.
Luego la tercera
-Dos mujeres desnudas, expresó sin el menor recato.
Y así siguió el examen, hasta que el psiquiatra le espetó:
-Oiga, usted no tiene nada de santo y si una mente muy enferma.
-¿Yo? –Preguntó y respondió al tiempo San Compadre- Usted es el enfermo que tiene en su consultorio esos juegos pornográficos.
Las personas mayores, aquellas que vivieron su juventud entre las décadas de los 30 o los 40, tenían absolutamente prohibido leer las novelas del escritor colombiano José María Vargas Vila,(antiimperialista, amante de la libertad y amigo de Martí) en las que se insinuaba el sexo. Es más, la santa iglesia excomulgaba a aquellos que osaran tomar esa lectura. “Solo en el amor el hombre es grande puesto de rodillas: porque el amor es la única esclavitud que no deshonra”, decía.
Para los años 50, la revista “Vea”, en la que aparecían fotografías de mujeres, todas ellas llenitas, piernudas, con lonjas desparramándose por arriba del calzón del traje de baño de dos piezas –la parte inferior parecía pantalón corto- o con medias aún de costura trasera, eran prohibidas a los jóvenes de “buena” familia.
Lo más pecaminoso en ese tiempo era comprar, en Tlaquepaque, Jalisco, gallinitas o guajolotes, que al despegarlos de su base, aparecía una pareja de barro teniendo sexo.
En los años 50 y 60, dos de las películas que llegaron a México (francesas off course) fueron: “Las Tentadoras” que trataba de la preparación de un musical y la otra, “Maternidad Prohibida”, en la que se abordaba el tema del embarazo no deseado de una jovencita. En la primera, las chicas que iban a presentarse en un centro nocturno de París aparecían con esos “bikinis” enormes y enseñando pierna y cintura abundante. En la segunda cinta, en blanco y negro, había una escena en la que la joven mostraba –horror- un turgente seno que el protagónico observaba mientras ella dormía.
Ambas películas eran prohibidas para menores de 21 años y se requería de cartilla de identificación que checaban minuciosamente los inspectores de la sala.
Luego vino “Un hombre y una mujer”, película con una bellísima música a cargo de Francis Lai, a la que cerraban el paso a los jóvenes que pretendían entrar a la sala cinematográfica en los años 70. También prohibidas, esa década, “Perro Mundo”, I y II, que marcaron historia con su música y apertura a un mundo que pocos conocían.
Las películas de esas décadas, 50, 60 y 70, son ahora observadas con ojos de tedio en horario infantil.
En España, después de la muerte de Francisco Franco, vino lo que dio por llamarse “el destape”, donde una sociedad, reprimida por décadas, de pronto se libera y explota.
Pero no sólo en la península Ibérica, sino en todo el mundo, lo porno era lo actual. En México, la visita a las bellas playas de Zipolite, Oaxaca, con desnudos integrales, dejó de ser sorpresa, lo mismo que los clubes Med de todo el país. De esta forma, estar encuerado era lo “in”.
Los programas televisivos, como las películas actuales, presentan a hombres y mujeres que no dejan nada a la imaginación.
Dónde comienza el arte y dónde lo porno, es una pregunta que la sociedad no responde claramente; la religión está en el extremo y todo lo ve pecaminoso y los vanguardistas consideran que en materia de arte aún falta mucho por mostrar.
Así, lo porno está en la mente y todo es del color con que se mire.
Laura y Alberto son bastante liberales, libre pensadores y nada asustadizos, por lo que aceptan sin ambages la libertad de los jóvenes. En cambio, San Compadre sigue considerando que su psiquiatra es un enfermo sexual al que hay que recluir en un hospital especializado.
Mientras tanto, dejamos a San Compadre releyendo su colección de revistas del Play Boy y escuchando la música de Francis Lai con “Un hombre y una mujer”.

# 16. Velices

Ciudad Valles es el único lugar del país en donde a los muertos los entierran con cobija (por si tienen frío en el infierno) Está en una selva encajonada entre montes, niebla caliente casi siempre y con un río que le cruza de lado a lado, convirtiéndole en una olla de presión.
Mientras transcurría la tarde (la única hora en que era algo soportable ese infierno huasteco) Alberto recorría la calle principal de esa ciudad, hasta llegar al río que tiene el mismo nombre del lugar. Recordó los años de su infancia, nadando en ese caudal, no importando si era época de lluvias o de estiaje. Él y un compañero de primaria, cuyo nombre se había desvanecido en el laberinto de la desmemoria, conocían todos los recodos y vados del río donde pescaban mojarras, bagres y camarones.
En esa visita -hace mucho tiempo- Alberto conoció a un niño –de unos nueve años- que, en medio de la bruma de la noche, esperaba junto a una camioneta pick-up, iniciar un viaje desde Ciudad Valles.
El chamaco aguardaba a alguien, acompañado únicamente de un pequeño veliz de lámina pintada de azul, que se cerraba con dos broches y un cinturón de cuero.
-¿A dónde vas? Le preguntó Alberto.
-A México.
-¿Porqué te vas?
-Ya no quiero vivir aquí.
-¿No eres feliz aquí?
-No.
Luego, con frases entrecortadas, a su manera, le comentó que en ese lugar era donde más dolor se le había infringido. Que odiaba Valles.
El niño quiso mover el veliz, pero éste se abrió, esparciendo su heredad.
Alberto se acomidió a reordenar las pertenencias del chaval: la Divina Comedia -de pasta azul y con bellísimas reproducciones de Durero- Había dos plumas, imitación Parker, que –dijo- le había regalado una vecina como despedida, además de dos o tres cuadernos, testimoniales de su primaria, y otras pequeñas riquezas.
Cuando llegaron por él, la Divina Comedia le fue decomisada y obligado a regresar las plumas a quien se las obsequió. Así, el veliz salió rumbo a la ciudad de México con sólo sus cuadernos, una fotografía donde aparecía abrazando a una niña más pequeña (¿sería su hermanita?) una bolsa de canicas y unos luchadores de plástico.
Alberto, que fue testigo mudo de todo ese proceso, muchas veces se preguntó qué sería del veliz de lámina color azul y sus tesoros; y si el niño –cuyo nombre nunca supo- cuando llegó a la capital, tendría un nuevo hogar o fue botado en el quicio de la puerta de algún pariente. Ensueños que se impregnan en la mente.
Los velices, a diferencia de las maletas, petacas y baúles, no son reconocidos por las nuevas generaciones, que sólo acertan a preguntar por la palabra: ¿qué es un veliz?
En las películas de las primeras décadas del siglo pasado, aparecen los migrantes que llegan a Nueva York; se observa cómo esa gente baja velices amarrados con mecates o cintos de cuero de destartalados camiones que hacían de estibadores del barco a la aduana. En cada uno de los velices venían recuerdos que pronto se diluirían en el sueño americano.
En México, en las litografías de finales del siglo diecinueve y principios del veinte, aparecen las señoras de alcurnia llegando a Veracruz y, atrás de ellas se aprecia a los mecapaleros cargando sus enormes velices.
El veliz ha sido motivo de muchas historias:
Las que narraron los sobrevivientes del Titanic, y que referían a personas que se aferraban a velices que flotaban entre trozos de hielo, esperando el imposible rescate o la muerte segura.
La de la novia que, furtivamente, escapa por la ventana o el traspatio.
Recordar ese veliz que acompañó el brillo de los ojos verdi pardos de la novia, aquél al que le grabaron su nombre los enamorados, en medio de un corazón; testigo de momentos intensos en que los amantes se entregaban y hacían el amor.
Juntos, los jóvenes acercan mano con mano mientras sostienen el asa del veliz donde van guardadas todas sus ilusiones. Días felices que representa ese cajón de cuero o de lámina.
Veliz que alguna vez salió del pueblo, empolvado y endurecida la baqueta, como compañero fiel del que migra a las grandes ciudades en busca de mejores condiciones de vida.
Ahora, Sansonite, ícono indiscutible de implementos para viajes, ha iniciado la fabricación a mano de velices de la nostalgia, a semejanza de los que se usaban en los años 20 y 30 del pasado siglo.
A los abuelos, los velices Trunk junto con los baúles Shwayder Brothers, de edición limitada, seguramente les recordarán esos tiempos en que viajar por los polvorientos caminos el país, las vías férreas de los Estados Unidos o navegar en lujosos trasatlánticos a Europa, era toda una aventura.
Alberto se pregunta si el niño que salió del infierno de Valles, con sólo un tesoro: un veliz de lámina pintada de azul, sólo existió en la mente observadora del escritor.

# 15. Administrar

Para San Compadre, es igualmente feliz un hombre que tiene 58,200 millones de dólares que uno que tiene sólo 7,840 millones de dólares. Claro debe ser doloroso para la familia Slim H. ver que su capital bajó de 58,200 millones de dólares a 42,800 mmd* (26.5%) o para la familia Salinas Pliego que su capital se reduzca de 7,840 mmd a poco menos de 5,920 mmd (24.5%) Así, en unas cuantas semanas, la familia Slim se empobreció 15,400 mmd mientras que la familia Salinas Pliego, en sólo 1,920 mmd.
San Compadre es un filósofo que cuida su poco capital y magro salario; lo contrario de Alberto, quien -como diría Josefinita- le quema el dinero en las manos.
La crisis de la que todos hablan, no llegado aún a las clases medias (pocas que quedan) o a las bajas, pues los grandes empresarios apenas han iniciado el ajuste de gastos, y sobre todo, de personal. La mayoría de ellas se están deshaciendo del 30 por ciento de su plantilla, y esta acción no respeta niveles ni especialidades. Los desplazados se sumarán al desempleo actual, de poco más de cuatro millones, además de los dos millones de indocumentados que regresarán de los EEUU.
De los países latinoamericanos, México, es el más vulnerable, sin rutas de escape. Su relación comercial, financiera y de inversión con los Estados Unidos raya en la dependencia casi absoluta.
Sin ser catastrofista, sólo observador, San Compadre ve la venta de petróleo (su principal ingreso) a la baja y las remesas de los paisanos (segundo ingreso) cada vez menores; sin contar con que el 80% de los intercambios son con los Estados Unidos, de donde llega el 70% de la inversión extranjera. El efecto dominó nos afectará en inflación y en el sector industrial y el de la construcción.
Los peores efectos de la crisis se esperan a partir de febrero del 2009.
Después de ver el saldo de la chequera y de la tarjeta de crédito de Alberto, San Compadre recomendaría:
Cuidar el trabajo. Esto implica tener una actitud positiva y ser más eficiente. No perder el tiempo y hacer el trabajo con excelencia.
Bajar el nivel de gastos personales. Revise sus gastos y apriete el cinturón. No gastar en cosas que no sean verdaderamente indispensables.
Ahorrar lo más posible. Cuidar el agua, gasolina, electricidad, etc. Incluso, vender uno de los autos, que paga tenencia, seguro, etc.
Mantener nuestro dinero en el banco. Es más seguro.
Bajar lo más posible sus deudas, sobre todo aquellas que no tienen tasa fija, como son las tarjetas de crédito. NO pague sólo el mínimo, pues terminará de pagar en casi once años el total.
Analice la tasa de interés que está pagando por sus deudas.
No es lo mismo usar varias tarjetas de crédito que endeudarse con una sola TC. Lo ideal es cancelar algunas y pagar al mes el total de la que le quede.
En los créditos hipotecarios (Infonavit, etc.) a tasa fija, es mejor no adelantar pagos, sino ahorrar ese dinero.
No compre las ofertas de “X meses sin intereses. En este sistema su sueldo se reduce todos los meses que usted firmó, y al final le costará más dinero.
No es momento de prestar a ninguna persona. Esa persona puede estar ahogándose en deudas y se lo puede llevar en el naufragio.
Manténgase saludable, usted y su familia. Las enfermedades cuestan mucho dinero. Póngase a dieta, bajen de peso, hagan ejercicio.
Comente esto con su familia. Es importante que su pareja y sus hijos entiendan que estamos viviendo momentos muy difíciles.

¿Cuánto durará la crisis? La respuesta sería: como mínimo seis meses, pero podría durar años.
No es el objetivo de esta reflexión alarmar a los seguidores de San Compadre y de Alberto. La intención es informar y advertir que México no está aislado en el mundo y que depende, en gran medida de la economía estadounidense.

* Millones de dólares

# 14. Brujas

Abigail Williams, quien estaba a punto de cumplir quince años de edad, nunca imaginó que una maledicencia iba costar la vida a 25 personas, además de tortura y prisión a otras 200 aproximadamente.
Abigail mantenía relaciones con John Proctor, un hombre casado, mayor que ella al que presionaba –su precocidad no le quitaba lo chantajista, sádica e inmoral- para que se deshiciera de su mujer y huir de Salem. Proctor, por su parte, fue testigo de una danza de Abigail con dos amigas totalmente desnudas, en el bosque. Así, hubo un empate técnico que tenía que ser destrabado; para ello, consultaron a los reverendos Parris y Hale, quienes recomendaron decir que vieron a una mujer –de la que se que se querían deshacer- danzando con el diablo, y desviar así los pecadillos de la pareja, iniciándose una verdadera cacería de brujas, que al final costó la vida a la esposa de John y a 24 personas más.
El juicio de las brujas de Salem fue tomado por Arthur Miller para su novela The Crucible (el crisol). Frente al jurado –escribe Miller- “Abigail se levanta, como inspirada, y grita…”
Las brujas han acompañado al ser humano por siglos. La mujer griega llevaba dentro de sí “un animal sin alma”, esto es, la hystéra (el mismo útero) que siglos adelante las doctrinas agustinianas consideraron como la expresión de la convulsión uterina y del goce sexual, esto es, la intervención del demonio en el cuerpo femenino.
Pero no paró ahí la satanización de las mujeres histéricas, pues es sabido que el tratado Malleus maleficarum –el martillo de las brujas- de los monjes dominicos Kraner y Sprenger, envió a la hoguera a miles de féminas condenadas como brujas o poseídas, inventando así la inquisición.
La Biblia, sobre todo el antiguo Testamento, prohíbe la magia al señalar que “no realizaréis adivinación ni magia” (Levítico 19.26; Deuteronomio 10.10), mientras que Lutero, en la traducción que hace del Éxodo (22.17) sentencia: “las magas no las dejarás vivir”.
La ignorancia de los pueblos ha llevado a la hoguera o al cadalso, a miles de mujeres inocentes, como fue el caso de la filósofa y matemática Hypatia, a quien, en Alejandría, los cristianos (constantinos) desollaron, utilizando conchas de mar, iniciándose aquí la irracionalidad cristiana.
Claque…claque…claque, así se comunicaba la bruja que aparecía en las tiras cómicas de la pequeña Lulú, cuando la niña se perdía en el bosque buscado fresas silvestres. También Hansen y Gretel, tuvieron su bruja mala, y no se diga la que le tocó a Blanca Nieves, quien tuvo que vivir y luego dormir –la princesa- con siete enanos. No podemos olvidarnos de Hermelinda Linda con su súper buenísima sobrina, o de la bruja de Cachirulo.
A nuestras tierras, las brujas llegaron con los españoles y con los esclavos africanos. En Cuba, Alberto recorrió el museo de la santería de Guanabacoa, muy cerca de La Habana. El recorrido por el lugar permite conocer los altares dedicados a las diferentes deidades –la mayoría yorubas- Cada cuarto es diferente y dan la sensación que el sincretismo afro antillano es de buena onda, como dicen los jóvenes. Sin embargo, cuando se llega al último cuarto, de inmediato se siente la mala vibra: es el dedicado al Vudú. Candelas negras, tierra de panteón, huesos humanos molidos y fetiches de malignos provocan un rechazo automático del visitante.
A la salida, una bruja buena tira los caracoles sobre una vieja charola de madera. “Yemayá te acompañará por siempre”, le dice a Alberto.
En México, desde la colonia, con la “Santa” Inquisición, hasta nuestros días, las brujas, como los curas, son para nuestro ignorante pueblo, las psicólogas, consejeras, conseguidoras, hechiceras del amor y del desamor.
Así como en el pasado las brujas practicaban el ergotismo, esto es, intoxicar a sus clientes con pan de centeno fermentado que hacía las veces del LSD, María Sabina, en la sierra de Oaxaca, proveía a sus seguidores de hongos alucinógenos que, se dice, consumieron hasta los propios Beatles. Carlos Castaneda, don Juan, describe a sus brujos y brujas mexicanas, alimentándose con extraños brebajes.
En el México moderno hay los extremos. En Catemaco, las prácticas brujeriles son de buena onda, como también en el mercado Sonora, de la capital, donde se puede encontrar un sinnúmero de mejunjes, pócimas, hechizos, maleficios y fetiches de todo tipo.
En el otro lado de la moneda, recientemente, dos mujeres asesinaron a dos jóvenes, de 17 y 15 años, para sus prácticas satánicas. Este tipo de actividades tuvieron gran resonancia hace años, en el norte de México, cuando un grupo conocido como los “narcos-satánicos” sacrificaban mujeres y niños, en sus orgías demoníacas.
Las brujas han sido vistas viajando en escobas o preparando sus hechizos en enormes peroles. La verruga en la nariz es imprescindible, así como horribles dientes y estridentes risotadas en noches de luna.
En el estado de Guanajuato hay una localidad llamada “Puente de Brujas”, de sólo 17 habitantes y, que se sepa, ninguna de las damas es hechicera.
Una bruja propuso a Alberto quitarle la sal a una pretensa mediante un conjuro y por la módica cantidad de 100 pesos. Alberto ofreció a la encantadora mil pesos si le quitaba el azúcar en lugar de la sal, pues la diabetes le pegó muy duro a su acompañante.
Él sigue pensando en hacerse una “limpia” con las brujas de Catemaco, pero la crisis financiera internacional le ha dejado tan “bruja” que no le ha quedado ni para el pasaje, así que seguirá confiando sólo en su buena estrella.

jueves, 30 de octubre de 2008

Post especial. "El amero"

Ante la pregunta que le han hecho a San Compadre sobre un video que promueve el "amero" como nueva moneda del siglo veintiuno, nos comenta el filósofo mexicano que ésta ha sido una de las más grandes vaciladas de que tenga memoria. El tipo que envió el video ha sido acusado de continuo de nazi, estafador, terrorista virtual y otras lindezas. Además, dice que cambiemos nuestros pesos o dólares por marcos alemanes (glup), francos franceses (recontra glup) y francos suizos (ya no hay más glups) monedas que dejaron de circular en el año 2000 cuando entró en vigor el Euro. Así que sólo si encuentran un cofre enterrado con francos, marcos o pesetas podrán cambiarlos por pesos o venderlos por kilo de papel. Después de esto, San Compadre derrama lágrimas en el hombro de Alberto.

lunes, 27 de octubre de 2008

#13. Ana

En la soledad de un ascensor, de una pistola Makarova salieron cuatro certeros disparos que acabaron con la llamada “voz de los débiles”, Ana Politkovskaya, quien había sido defensora acérrima de los derechos del pueblo chechenio y de los sufrían tortura y vejaciones por parte de quienes no han querido la llegada del estado de derecho a su país.

Ana murió como la heroína del periodismo moderno.

Madre de dos hijos, vivía en un modesto departamento de Moscú, desde donde enviaba sus reportajes que tanto incomodaban al nuevo zar de todas las Rusias, el ex agente de la KGB, Vladimir Putin.

Con una carrera limpia, Ana no necesitó de los favores del régimen, ni fue una cortesana del gobierno al que atacó sin piedad por las atrocidades que cometía contra el inerme pueblo chechenio. Se decía de ella que era imposible pedirle que se callara, imposible sobornarla o intimidarla.

“Su asesinato es un golpe en el mismo corazón del periodismo ruso. No será posible compensar su pérdida”, lamentó Igor Yakovenko, secretario general de la unión de Periodistas de Rusia, en ocasión del segundo aniversario del asesinato.

En febrero del 2001, fue arrestada por el ejército soviético, acusada falsamente de espionaje. En esa ocasión se le puso un arma y se amenazó con dispararle. Más adelante, participó en la negociación con los terroristas que secuestraron el teatro Dubrovka, en Moscú en 2002, acción en la que murieron cerca de un centenar de personas. Después, durante el secuestro de la escuela de Beslán, en Osetia del Norte, el gobierno ruso intentó asesinarla mediante envenenamiento. En las dos acciones, Ana había denunciado las atrocidades del gobierno de Putin.

A partir de ahí, las amenazas de muerte se hicieron más frecuentes por sus detalladas crónicas sobre el horror de la interminable guerra en Chechenia.

Ana escribió varios libros y ensayos sobre ese conflicto, entre los que sobresalen “terror en Chechenia”, “la deshonra rusa” y “la Rusia de Putin”.

El asesinato de la periodista ha sido el símbolo de los cientos de crímenes contra reporteros y reporteras anónimos, víctimas de las mafias locales o internacionales, de gobiernos a quienes no conviene se den a conocer sus tropelías.

Honrar la memoria de Ana Politkovskaya, hoy, es defender el derecho del ser humano a pensar y observar el mundo, a no callarse. Ella antepuso la razón y la moral, y por eso la mataron y por eso, sin conocerla, la admiramos.

Al final, la pregunta al periodista del porqué correr riesgos, seguramente la respuesta está en la adrenalina, en una “adrenafília” (*) resultado de un sentido del deber hacia la sociedad muy elevado.

Qué pensaba Politkovskaya cuando recibía amenazas de muerte o, cuando sentía la persecución de sus enemigos del gobierno ruso. Qué piensan los periodistas mexicanos cuando son amenazados por las mafias policíacas, gubernamentales, de narcotraficantes y por otras alimañas.

Es sólo la “adrenafilia”, respondería Alberto.

Escribir ha sido, desde siempre, un riesgo que los periodistas corren durante su ejercicio profesional, sobre todo aquellos que piensan que la transmisión de la noticia es una forma de alcanzar la libertad. Los que se agazaparon en improvisadas trincheras durante los disturbios del ‘68, los que caminaron junto a los sandinistas, a los farabundos o con las guerrillas guatemaltecas en las selvas centroamericanas, o en los disturbios por la soberanía del Canal de Panamá; o los que, sencillamente, desde la redacción de un periódico han denunciado a caciques, mafiosos o políticos corruptos, y han sufrido la presión, persecución y algunos de ellos, la muerte.

México, con excepción de Irak, donde la guerra es evidente, ocupa el deshonroso primer lugar por el número de informadores masacrados o desaparecidos.

En nuestro país, 51 asesinatos y 10 desapariciones forzadas de periodistas y trabajadores de prensa han ocurrido durante el sexenio del cambio de Vicente Fox y en lo que va del gobierno de Felipe Calderón.

En 2007, fueron asesinados seis periodistas y tres trabajadores de prensa y ocurrieron tres desapariciones forzadas de informadores. Y en lo que va del 2008 han sido asesinados 11 periodistas y uno ha sido desaparecido.

Ana es ya un símbolo y era la voz de quienes no tienen voz. Como ella, hay muchos periodistas, hombres y mujeres, que morirán por que no pueden vivir sin la “adrenafilia”.

(*) Término inventado por Alberto, relativo a la inclinación irresistible a vivir derramando adrenalina

#12. Crisis

Todo lo que usted quiso saber sobre San Compadre y no se atrevió a preguntar.
Viejos filósofos, historiadores e investigadores de las cosas ocultas que ocurren en nuestro planeta hubieron de esperar años para descubrir que aún había mexicanos que no tenían un compadre y ni la más remota posibilidad de hacerse de uno. Causas, había muchas: Algunas podrían ser el estar feos, no estar casados (que es pecado), con sangre contaminada, esto es, pesada como plomo; ser más salados que un bacalao noruego o un chamoy acapulqueño; estar incluidos en el “tercer sexo”; o simplemente no tener a quien acudir para solicitar tan preciada condición.

Por lo difícil de esta situación hubo quienes compraban veladoras al mayoreo; unos iban a la Villita a rogar y otros a reclamar por un compadre. No faltó quien acudió a la Corte a investigar si había jurisprudencia al respecto, o con un “licenciado” de los tribunales para, mediante “una corta” o soborno, conseguir el preciado privilegio. Daba la impresión de que nunca lo lograrían.

Un día, Rafael Castilleja se dio cuenta de que un ser que rondaba cerca de sus dominios era el Iluminado que podría poner fin a esa situación angustiante de miles y miles de mexicanos: San Compadre, el santo que concedía el milagro de alcanzar la elevada posición de compadre.

Así, el tipo que nunca estuvo en esa circunstancia ahora recibía el favor y la colaboración de todos pues, es de mal gusto molestar al compadre. Como dice la canción guerrerense: ofender al compadre, es ofender al Eterno. También frase ciertísima de toda cantina que se precie de decente, es la de: “compadre que no se las pide a la comadre, no es verdadero compadre”.

Sin embargo, el haber ascendido a Mac el Iluminado al santoral, esto es a San Compadre, no le quitó lo neuras, lo cascarrabiesco y lo filósofo loco.

San Compadre –que, además, es catastrofista- advertía desde hace años la llegada de una crisis económica mundial, siguiendo a los agoreros del fracaso, a los marxistas y a los emisarios del pasado que anunciaban la caída, desde lo alto de su curva histórica, del imperio norteamericano.
La historia se repite y el mundo es una caja de resonancia donde los errores, como ecos, se reproducen en diversas épocas y con daños variables.

Para San Compadre, la crisis comenzó en los setenta, cuando los EUA abandonaron el patrón oro e iniciaron la impresión de millones y millones de billetes verdes que circularon por el mundo sin más respaldo que la “palabra” del Tesoro americano.

Así, toneladas de papeles se acumulaban en las bóvedas de bancos mientras, los Estados Unidos, compraban a crédito o contra billetes que no tenían más respaldo que la aparentemente sana economía neoliberal, dirigida por Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal.

Para muchos economistas, la presencia de Greenspan en la FED (de 1987 al 2006) fue más negativa que positiva. La actual crisis podría haberse evitado o mitigado si no se hubieran empecinado los seguidores de este financiero en implantar un ambicioso experimento estadounidense, de dar rienda suelta a las fuerzas del mercado. Greenspan, a quien apodaban El Oráculo, consideró siempre que los mercados podían manejar los peligros, mientras que sus detractores afirmaban que la economía norteamericana estaba pendiendo en un hilo en todo momento, y que los riesgos de liquidez eran muy altos.

Una de las primeras señales de esta crisis fue el enorme fraude en la Enron Corporation, en la que los amigos y protegidos del señor George W. Bush, participaron activamente.

Por otra parte, el déficit comercial de EEUU es cada vez más grande, mientras que la deuda nacional crece de manera inexorable. El Reloj Nacional de la Deuda (RND), muy cerca de Times Square, en Nueva York, contabiliza día con día la deuda del gobierno norteamericano (sin tomar en cuenta la deuda estatal, municipal, ni la de los seguros médicos, las jubilaciones, ni, mucho menos, la de las empresas privadas y las cuentas personales) La pantalla fue instalada en 1989 para poner en evidencia los 2.7 billones de dólares que había entonces de deuda; ahora, los dígitos son insuficientes, pues se ha rebasado la cifra de los 10 millones de millones de dólares.

Mientras el país del norte se desgrana con el desempleo y la falta de productividad, los bancos –sobre todo donde hay intereses judíos- han sacado carretadas de millones de dólares. Lehman Brothers Holdings Inc., sacó, cuando apenas se vislumbraba la quiebra de esta empresa de corretaje más de 400 mil millones y enviados a Israel, específicamente al Grupo Hapoalim, Banca Leumi y al Israel Discount Bank (esto afirmado por thetruthseeker.co.uk) Otros bancos han enviado también millonadas a bancos israelíes involucrados en escándalos de contratos del Pentágono, de petroleras y otros, relacionados con la señora Condoleezza, con la familia Bush, etc.

El Reino Unido nacionalizó la banca parcialmente con US$88.000 millones de dólares, Estados Unidos con US$250.000 millones de dólares, Alemania con US$109.000 millones de dólares, y Francia con US$55.000 millones de dólares. Al final –no cercano- los beneficiados de esta estafa neoliberal en EEUU serán los rescatadores Paulson-Bernanke-Bush (¿se acuerdan del Fobaproa-IPAB de Córdoba-Zedillo? Pues la nueva será como diría Gila: a lo bestia) “El rescate apesta” afirma Paul Kugman, comentarista de The New York Times.

¿Y en México? Preguntaría San Compadre.

Aquí, nuestra economía comenzó su caída en el momento en que Luís Echeverría, en un afán protagónico, inició una escalada de deudas con el Banco Mundial y con el Fondo Monetario Internacional. Los norteamericanos conocían de la inflación mexicana, pues imprimían en su país nuestros pesos. Esto duró hasta que Echeverría vendió la idea de que producir nuestros billetes sería económico y muy nacionalista. Así, se imprimieron tantos que en poco tiempo la inflación se nos vino encima junto a la devaluación del ’76 –según había anunciado Alberto con tiempo-.

Carretadas de millones de dólares se pedían al extranjero para obras que, apenas iniciadas, se olvidaban y, algunas de ellas no les ponían la primera piedra, pues ese dinero estaba ya en las cuentas suizas de altos funcionarios.

Los bancos hacían –como siempre- lo que querían. Primero, fueron los aliados del enemigo, luego del gobierno, más adelante nacionalizados, y al poco regresados a los banqueros que, en poco tiempo, querían recuperar el tiempo perdido promocionando tarjetas y créditos como volantes; finalmente, el “rescate” bancario, que será pagado con el trabajo de varias generaciones de mexicanos.

La nación logró deshacerse de los dinosaurios priístas, por corruptos (pero no tontos) decían; y llegaron los panuchos, también corruptos (pero tontos. Fox, p. Ej.)

A corto plazo, México enfrentará una recesión descomunal. La inflación no será el problema mayor, cuanto el desempleo y los conflictos sociales que podrán ser aprovechados por quienes quieren sacar raja del árbol caído.

¿Y el dólar? Podría estabilizarse entre $12.40 y $12.90 pesos por cada billete verde. El problema será que Europa nos quedará cada vez más lejos pues la anunciada recesión en EU nos arrastrará inexorablemente.

El billete verde, hoy por hoy, ha dejado de ser la moneda fuerte mundial.

Alberto hubiera querido hacerse de un buen fajo de papel moneda americana, pero su falta liquidez –efectivo- no le permitió esta especulación que, por cierto, sólo beneficiaría a las casas de cambio o a los especuladores.

Israel observa, desde su cancha los acontecimientos, en espera de con quien ahora aliarse; mientras, los comunes mortales debemos aceptar que asistimos a la redistribución de la riqueza mundial y a un nuevo reordenamiento geopolítico global, y que la esclavitud, bajo diversas formas, está marcando un precedente.

#11. Solovino

Alberto, además de hiperactivo, se había distinguido en la básica por tener los puños sueltos y los pleitos eran cotidianos en la escuela o fuera de ella.


Así, de regreso a casa se topó con dos niños, uno de cuarto y el otro de quinto grado. El primero aún mostraba un ojo morado de la pelea pasada y el segundo le superaba en edad y tamaño.


La pelea, dispareja, estaba dando los resultados esperados por el par, pues mientras el grandulón le inmovilizaba desde atrás, el primero le tundía a más no poder.


De pronto, se sintió liberado del grandote, lo que le permitió repetir la dosis a su compañero de salón y el otro enemigo huía espavorido con una tarascada en una nalga.


Un domingo, al mediodía, Quico, que así le decían al tío Darío, bañaba a un perrillo que, tembloroso y con la cola entre las patas, se dejaba hacer en una vieja tina.


-¿Porqué lo bañas?

-Está mugroso

-¿Cómo llegó?

-Solo vino


Alberto se acercó al cachorro y al tiempo que le acariciaba la cabeza le daba la bienvenida:


-Hola “solovino”.


A partir de ese momento, el perrito fue compañía de Alberto en las buenas y en las malas.


Creció y dejó de ser cachorro y un buen día se pegó al niño que iba a la escuela y se negó a regresar a casa. El trayecto de la casa a la escuela era de unas diez calles y Alberto desde pequeño había sido autosuficiente, así que no necesitaba de la madre para llegar a clases. En la entrada de la primaria el perro vio como se metía su amo y aceptaba el trato de regresar a casa solo. Calculaba la hora de salida y, puntual, estaba frente al plantel pasado el mediodía.


Pasaron los años y en unas vacaciones escolares –que incluían la visita al rancho de la abuela-, el embeleso de nadar en el río, subir hasta lo alto del Peñasco y recorrer sus bosques, hicieron olvidar al chucho que había quedado en la ciudad capital.


Al regreso, lo primero que buscó fue a Solovino…nada…nada. Había un gran hueco que no se llenaba. Las caminatas al colegio eran en solitario y en el retorno a casa la ausencia del pequeño perro era evidente.


Después de días de preguntar, de recorrer las viejas calles de la Villa de Guadalupe, aceptó la pérdida de un entrañable amigo.


La ciudad capital, ahora, dista mucho de la que le tocó vivir a Solovino. El día de hoy, hay una enorme metrópoli en la que los trabajadores se explotan a sí mismos, sin un patrón que intervenga en la brutal batalla por un puesto de trabajo; pero también hay millones de canes de todas las razas y en diversas circunstancias. La mayoría, sueltos por las calles, unos con dueño y otros sin el, con el consecuente problema de salud.


En alguna ocasión, el director de la facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia comentaba a Alberto que si, en época de estiaje, el detritus de los perros que flota en el ambiente fuera fosforecente, la ciudad no necesitaría iluminación.


Escribir sobre estos animales llevaría a un trabajo enciclopédico. Todos son nobles, todos son lindos cuando cachorros, cariñosos con sus amos y agresivos –en ocasiones- en defensa de sus dueños. Abundan las leyendas y los mitos, desde los que acompañaron a los primeros habitantes en las cavernas o los engordados –escuincles- para ser comidos en las fiestas aztecas.


Cuando cachorros, todos son bellos, juguetones y tiernos, lo que les trae la desgracia aparejada. Sólo recordar las películas: La dama y el vagabundo, con una Cocker Spaniel (reina); a Beethoven, con un San Bernardo; Rin Tin Tín, Comisario Rex, K-9, con un Pastor Alemán; Lassie, con una Collie, sin olvidarnos de los Doberman, Rottweiler, etc.


Cada película que ha incluido a estos animales trae junto la venta de cachorros que, pequeños, son la delicia y el “juguete” de los niños; sólo que al crecer dejan de ser graciosos; a los chamacos les aburren y en más de una ocasión los arrojan –a las mascotas, se entiende- a la calle (aunque San Compadre preferiría que fuera también a los niños). Así, vemos a cientos de estos animales adultos que algún día evocaron a alguno de los que aparecieron en las pantallas grandes. Terminan atropellados, mutilados, incendiados –inclusive- por vándalos, arrastrando un único pecado: haber sido remedo de “estrellas de cine”. Con el estreno de la cinta dedicada a unos perrillos chihuahueños habrá, sin duda, un comercio sin medida de estas pequeñas mascotas.


A los canes, como a los humanos, les aquejan alergias, diabetes, gripe y otros males, además sufren de stress. Sabia conseja mexicana es aquella que dice que “los perros abren los ojos a los15 días…los pendejos, nunca”.


Por su porte –y cierto parecido al príncipe Andrés de Inglaterra- Alberto nombró a su pastor alemán “Andrew”, con el que convivió 13 años, hasta que la displasia de cadera, propia de príncipes y perros de esa raza, llevó a la decisión de dormirlo y enterrarlo sentado, en el jardín, frente al portón, desde donde acostumbraba enterarse del ir y devenir de los vecinos.


Alberto, que por esas fechas se había lastimado—levemente- las vértebras lumbares en un accidente en el Iztaccíhuatl, preguntó al veterinario si no habría la oferta de dormir al dos por uno. Lamentablemente, le informaron, la promoción había terminado hacía unos días.

lunes, 6 de octubre de 2008

10. Perdón

Alberto levantó el auricular y escuchó la voz de su amigo Jacobo:

-Estás invitado a comer hoy. Estará Sara, mi mujer y mi hija Ethel. Será de las 14 h a las 17 h.

-Acepto, pero…

-El menú será cabeza de cordero, sopa de poro y acelga y de postre la manzana con miel que tanto te gusta. ¿Estás de acuerdo?

-Tengo pocas excepciones para mis comidas, pero por lo demás, soy un “traga-aldabas”. ¿Pero, cuál es el motivo?

-Quiero externarte mi arrepentimiento por los actos que de manera involuntaria te hubieran ofendido. Quiero pedirte perdón y terminar la decena del Rosh Hashana (año nuevo 5769) al Yom Kippur con alegría.

El próximo miércoles 8 de octubre, a eso de las 7 PM, cuando salga la primera estrella y suene el shofar (antiguo instrumento de viento construido con el cuerno de un carnero) comienza el Yom Kippur, Día del Perdón judío. Este día está reservado a la oración en común –selojot- y al examen de conciencia individual, en el que cada uno pondera su propia conducta religiosa y ética.

En estos tiempos, escuchar la palabra perdón es raro, pero más raro es pedirlo.

El perdonar es una recomendación en todas las religiones y una obligación que deberían practicar todos los seres humanos.

En el catolicismo es sabido que cuando un pecador pide perdón al Creador unos segundos previos a su muerte, ese es un acto suficiente para permitirle el paso al Paraíso, como “los perros de Dios”.

En el judaísmo una reflexión dice: “le preguntaron a Dios cuál era la condena para el pecador y Él dijo: que retorne y será perdonado (Ieruchzalmi-Makot 2-6) También se dice que “aún aquella persona que pecó y trasgredió toda la Torá durante toda su vida, y retornó a Dios antes de morir, en el cielo no le recuerden ningún pecado (Kidushin 40)

Uno de los ejemplos religiosos que encontramos en la biblia es la parábola del hijo pródigo, ese que alcanza la indulgencia del padre al regresar después de haber sido dado por perdido.

En el budismo, existen los conceptos Mettá (tierna amabilidad), Karuma (compasión), Mudita (gozo compasivo) y la Upekkhá (ecuanimidad), virtudes que se anteponen al resentimiento.

En la filosofía que impartió Jesús y que enseñó a sus discípulos sobresale la oración dirigida a su Padre: “perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”

Alberto se pregunta si la frase de “ladrón que roba a ladrón tiene 100 años de perdón” es válida.

Hace no mucho, el papa Juan Pablo II, de quien se ha dicho corría sangre judía por sus venas, llegó hasta el Muro de los Lamentos, en Jerusalén; posó sus manos en esas piedras de más de 2,500 años y leyó en voz muy baja lo que había escrito en un papelillo que enrolló y posteriormente lo dejó en uno de los intersticios de las piedras. Ávido como siempre a la publicidad realizó sus movimientos suavemente y en ocasiones se pensaba que sollozaba frente al lugar más sagrado de los judíos.

Entre las frases que contenía el mensaje sobresalía: “estamos profundamente afligidos por el comportamiento de aquellos que, en el curso de la historia, hicieron sufrir a vuestros hijos y os pedimos vuestro perdón”. Desde esa línea directa con el dios de los judíos se imploró, además, la clemencia para aquellos que con la cruz y la espada dominaron el mundo por casi dos mil años.

El mensaje fue enviado al museo memorial de la Shoah (holocausto) donde dijeron: será guardado por la eternidad.

Este tipo de mausoleos deberían extenderse a otros genocidios, como los perpetrados por los jemers rojos, en Cambodia, la desaparición de millones de rusos por el estalinismo, las bombas de Hiroshima y Nagasaki, las matanzas en Ruanda, en los Balcanes, en Turquía o las organizadas recientemente por los Estados Unidos contra cientos y cientos de miles de inocentes en todo el mundo. En México sería el dedicado a los millones de indígenas que en la conquista y en la colonia murieron sin razón.

Esos monumentos deben ser edificados para que nos recuerden en todo momento las atrocidades de que somos capaces. Sean éstos monumentos una forma de que el resto de los mortales pidamos perdón al haber ofendido a la raza humana por omisión, por silencio, por descuido. Pero, además, por ceguera, sordera, mudez y falta de sensibilidad.

Olvidar ofensas y tener indulgencia hacia los demás, deberían ser nuestros atributos no sólo el día del perdón, sino todos los días.

Alberto ha considerado siempre que es más fácil perdonar… después de haber logrado la venganza.

miércoles, 1 de octubre de 2008

9. Huecas

Palabras huecas…Frases huecas.


Con regularidad escuchamos palabras huecas o frases huecas, que no captamos en su real dimensión. Pero también, a fuerza de costumbre, en ocasiones las consideramos como verdades indiscutibles.


Desde pequeños oímos palabras y sentencias huecas: “te voy a pegar”, “vas a ver”, “se te va a secar la mano”, “te voy a acusar”, que en ocasiones se sustituyen, después de muchos esfuerzos y gritos, con una mirada o un gesto amenazador. Al final, el niño se acostumbra a lo hueco.


Mas adelante, en la escuela, los maestros o los prefectos amenazan con “te voy a reportar”, “voy a bajarte la calificación” o “te quitaré puntos” y con los compañeros escolares las peleas comienzan –o terminan- con un monosílabo: ¿qué…? con la contestación de un: ¿qué de qué…?


Comunes son las sentencias de: “todo se paga en esta vida”; “Dios te va a castigar”, “te vas a ir al infierno”, “serás excomulgado” y tantas más con las que podríamos crear un diccionario fraseológico, mientras los pecadores y agresores se botan de la risa.


Pero las sentencias huecas son parte de la vida cotidiana de los individuos e individuas; en ocasiones, obligadas para romper el vacío existencial. Hay quienes “tienen” que hablar y hablar para sentir su existencia. Otros, con los años, hablan mucho –y en ocasiones fuerte- para tapar el sonido del aleteo de la muerte en el final de su camino.


Alberto envidia a aquellos que al subir al taxi o sentarse en el sillón del peluquero inician una larga plática que les permite –además- conocer la vida y milagros del servidor. Después de incómodo silencio, los usuarios de esos servicios se sienten obligados y sueltan la primer frase inocua o insulsa –se valen las dos juntas o por separado- ¿Qué calor, verdad? o, “cada día es más difícil vivir en esta ciudad” (vale para todas las ciudades)


Así como hay diarrea por problemas estomacales hay también verborrea, que es lo mismo, pero con palabras soltadas como vómito en proyectil (término médico) y generalmente se inician con locuciones huecas que, si se pone uno a analizarlas, no dicen nada o dicen poco.


Ana Laura sale a la defensa y considera que las frases huecas son una forma de expresión de quienes no tienen nada que expresar, pero eso si, una gran necesidad de comunicarse.


Las proposiciones huecas son comunes entre los políticos que inventan una diaria, esperando que sus seguidores no las entiendan pero que queden complacidos al tener un “dirigente” que habla muy bonito.


Cada campaña presidencial –y también las no presidenciales- están cargadas de palabras y frases huecas, como las de: “hoy…” o “por el bienestar de la familia” (nunca se dijo la de quién) “honestidad valiente” o “primero los pobres”, todas acompañadas de la foto del candidato con cara de buena gente.


Con el folclórico Vicente Fox y con Hugo Chávez se puede hacer una colección de expresiones que son un monumento a la estulticia, sin descontar al señor Bush Jr., que también se ha distinguido por la estupidez. Algunas otras: “y yo porqué” o la célebre de “copelas o cuello”, fueron perlas que quedarán para la historia del negro sexenio foxista.


En este tipo de pensamientos se llevan las palmas los correspondientes a las condolencias: lo siento (déjelo acostado, diría la viuda); buenos días (qué tienen de buenos, expresaría otra); mucho gusto (gusto, porqué, apuntaría alguno de los dolientes); pero si lo ví muy bien apenas hace un par de días (comentaría dubitativo algún amigo cercano); no somos nada (cierto, nada de nada, pues ni amigo ni pariente, me equivoqué de velorio) También están las de “ay, sólo en las bodas y en los velorios nos vemos”; “déjame actualizar mi agenda”; “creo que es hora de que nos reunamos más seguido” y, la más lapidaria: “bueno, se fue la última tía de esa generación, ahora veremos quien organiza el primer velorio de la siguiente”.


El escritor español Enrique Jardiel Poncela, escribió –que eso hacen los escritores- entre otras obras, un pequeño volumen de cuentos que, decía, eran para leerse mientras se viaja en el elevador. Cierto, qué difícil es el silencio en ese tipo de cajas, mientras no haya quien rompa el hielo, que generalmente es sobre el clima de esta mañana.


Una de las mejores frases huecas que la humanidad ha formulado ha sido la de: “te caerá la justicia divina”, que dictadores, genocidas, asesinos, violadores y defraudadores de toda talla han esperado, cómodamente, y rodeados de quienes les quisieron, hasta el día de su muerte.



Frase hueca de Alberto: el mundo se va a acabar.

martes, 23 de septiembre de 2008

8. Guaruras

En México, como en algunos otros países, la presencia de un guardaespaldas es el toque que da, a quien lo tiene, respetabilidad, prestigio, poder, dinero, entre otros atributos.

Los guaruras, que así también se les conoce, son inconfundibles por su trajes comprados en Sears, Suburbia u otra tienda departamental de segunda. Esto, sin descontar su corte de pelo tipo militar, cinturón abajo del estómago y, en muchos de los casos, bigote bien recortado, al estilo Mauricio Garcés.

Se les ha considerado un mal necesario y en algunos casos un buen negocio para las compañías dedicadas a dar “seguridad” de todo tipo.

Pero, por otro lado, se considera la presencia de los guardaespaldas como un juego de lotería y, en más de una ocasión, será el encargado de dar información necesaria para el secuestro del patrón o de algún familiar cercano; también, podrá ser quien robe en la casa, se ligue a la señora o a alguna de las hijas (lo que le traería un ascenso en la escala social) y en el peor de los casos, liquidar al jefe después de recibir una buena cantidad por parte del enemigo.

En cierta ocasión –hace muchos años- el “Tigre”, conocido golpeador y guardaespaldas, quedó sin trabajo al morir su patrón, un reconocido periodista de espectáculos (de un infarto) En su desamparo, estuvo buscando quien supliera al difunto.

El “Tigre”, era un joven de 1.80 m. aproximadamente, moreno, fuerte y con cicatrices de viejas peleas. Su historial no dejaba mucho a la imaginación y “sólo” tenía doce ingresos a la peni. Acostumbraba acudir a “La Canción” o al bar “Polo”, ubicados uno casi junto al otro en un punto estratégico entre La Lagunilla, Tepito y Garibaldi, sobre lo que ahora es el Eje Central.

Parroquiano asiduo a ese par de antros de mala muerte, Alberto, que conocía al guardaespaldas de su fallecido amigo, tuvo el error de invitarle un día una torta y un refresco –raro, pero no tomaba alcohol- y de ahí no se le despegó durante larga temporada.

Así, por ahí de las seis de la mañana, casi finalizando una de sus cotidianas parrandas, Alberto se acercó al sanitario, al fondo del centro nocturno “La Canción”, esperando que saliera otro usuario.

Una voz ronca –que así la tenía- se escuchó a sus espaldas:

-¿Va a pasar mi jefe?

-Si, no te preocupes “Tigre”, espero. Dijo Alberto.

-Mi jefe va a pasar- le gritó el improvisado guardaespaldas al ocupante del sanitario

Una respuesta, acompañada de dos o tres mentadas, indicaron que el usuario del sanitario no tenía la más mínima intención de salir con celeridad.

Unos instantes después, el “Tigre”, con una mano arrancó la puerta –tipo cantina-y con la otra levantó al tipo agarrado de las solapas, al tiempo que le soltó:

¿No escuchó que mi jefe quiere entrar?

Cuando llegó a su casa, Alberto recapacitó en que los guaruras no siempre dan seguridad, pues en esa ocasión el tipo pudo haber sacado una pistola y, jefe y guardaespaldas, hubieran quedado en el lugar.

Al poco, Alberto fue comisionado para realizar algunos trabajos en Centroamérica y luego acudir a una campaña presidencial de casi nueve meses, así que se alejó de la ciudad mas de un año y se distanció de su guardaespaldas, de quien supo después había muerto en una riña colectiva, recibiendo más de una docena de puñaladas.

Tuvo además al “Güero” Batillas –gatillero y protector profesional de los años cincuenta, recién salido de la penitenciaría, después de largo periodo preso- con quien cerveceaba en el restaurante “El Hórreo” o recordaba pasajes de la vida del pintoresco personaje en la peluquería Nieto. Alberto contó también con la asistencia de otro viejo gatillero que se le murió de un infarto en su primera actuación frente a unos malosos.

En nuestro país, varios salvaguardia trascendieron por diversos hechos. Hubo un par que, de ser boleteros (taquilleros) de cine, pasaron luego a guaruras y más adelante llegaron a las altas finanzas, como respetables ciudadanos.

En Europa, la historia de compromisos y matrimonios entre guaruras y las damas a quienes debían cuidar es larga. Más de una princesa, condesa, duquesa y demás pléyade de títulos se ha enamorado de su acompañante, acostado y terminado en el altar.

Putin, en la antigua Unión Soviética pasó de ser un guardaespaldas, agente de la terrible KGB, a una especie de emperador de todas las Rusias del siglo veintiuno.

Después de esas historias, Alberto se ha preguntado cómo sería su vida si hubiera tomado otra vocación profesional, especialmente la de guarura.

martes, 9 de septiembre de 2008

Armas

Una mañana, Albertrix observó cómo miraba Trucutú con ojos lascivos el andar cadencioso de Laurex, la que, de vez en vez, volteaba y le enviaba una coqueta sonrisa. Albertrix no pudo contener sus celos, tomó un garrote y propinole fuerte paliza al de cascos ligeros mientras que a la casquivana la envío al exilio.


La tribu de Trucutú, que dio asilo a la coqueta Laurex, pensó que la mejor forma de defenderse del salvaje vecino era fortificar la aldea y preparase para un posible ataque con piedras suficientes. El esperado embate se dio y las piedras resultaron mejor defensa que el uso de los garrotes.


Con el tiempo, la gente de Albertrix se refugió en aldeas escondidas entre los bosques, donde observaron que un palo largo, con punta, era un arma eficaz que les defendería de los hombres de Trucutú, quienes, por su parte, descubrieron el arco y la fecha.


Pasados los años, Albertrix pensó que si ponía fuego en la punta de la flecha incendiaría las chozas de los amigos de Trucutú. Pero los segundos no perdieron el tiempo y para defenderse fabricaron escudos y amurallaron su territorio.


La humanidad progresó, y en el medievo, la catapulta y las torres de asalto, junto con la pólvora pirateada por Marco Polo en China, sirvieron para que los diferentes grupos lograran el equilibrio de la población mundial, ayudados por el cólera y otras enfermedades.


El “arte” de la guerra fue evolucionando hasta llevarnos a una primera gran guerra mundial donde la muerte en las trincheras fue más eficiente con la aparición de tanques y otros artefactos de destrucción que se sublimaron en la segunda gran guerra mundial; que también ayudó al equilibrio poblacional.


Los primeros misiles fueron detectados, accidentalmente, por un fotógrafo de prensa, que apareció al imprimir una de las placas cuando estaba a punto de dar en el centro de Londres. A partir de ese momento los cohetes fueron evolucionando hasta nuestros días.


Los Estados Unidos, con tecnología nazi perfeccionaron la bomba atómica y la estrenaron en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. La bomba nuclear, como también se le conoce, está ahora en manos de unos cuantos gobiernos que integran el club atómico.


Finalmente, Trucutú W. Bush ha probado, al parecer con éxito, la bomba neutrónica sobre las tropas iraquíes que se habían hecho fuertes en las cercanías del aeropuerto de Bagdad. La mencionada arma mata todo ser viviente en un amplio radio, pero no destruye instalaciones de ningún tipo.


En México –en otro tiempo Anáhuac- las guerras floridas fueron las más sobresalientes y perseguían más la obtención de prisioneros para los sacrificios a Tonatiuh que la expansión territorial. Esto, hasta que llegaron los españoles con arcabuces y las primeras pistolas de chispa; luego, los franceses invadieron nuestro territorio con mejores fusiles, además de cañones con mayor capacidad destructiva. Lo mismo hicieron nuestros “buenos vecinos” para quitarnos medio territorio.


La revolución de 1910 costó una generación completa de mexicanos que murieron en los campos de batalla con sus grandes sombreros y cananas cruzadas en el pecho con cartuchos 30-30.

Finalmente, la revolución cristera fue sólo una serie de escaramuzas donde los campesinos iban a la muerte con un escapulario al pecho con la leyenda “detente bala, el Corazón de Jesús está conmigo”.

Fuera de la matanza en Tlatelolco, en 1968 y la guerra sucia ordenada por Echeverría para limpiar de comunistas a México, no ha habido más muertes por razones sociales.

Ahora, en los dos gobiernos del cambio, nunca como antes había habido tanta muerte de seres inocentes y tanto miedo entre los ciudadanos ante la ola de secuestros y asesinatos por doquier. Esto, además de la lucha que se ha dado entre las diferentes mafias (carteles) de narcotraficantes, que sólo en el mes de agosto sumó varios miles de muertos, entre ellos 28 decapitados.


El número de secuestros y asesinatos en México es el más alto del mundo; triste primer lugar, aberrante medalla de oro ante la comunidad internacional. Y ni a dónde acudir si el ciudadano ha perdido la confianza en las autoridades policiales, que en más de una ocasión forman parte de las bandas de secuestradores, violadores y asesinos.


La guerra prehistórica con garrotes y piedras ha sido superada con mucho por los delincuentes mexicanos que tienen, ahora, mejor armamento que muchas corporaciones policíacas.


Hay quienes están esperanzados en que la manifestación de decenas de miles de ciudadanos, que terminó iluminando la plaza de la Constitución, en la capital, y las de otras plazas, tenga una respuesta positiva y a corto plazo. Sin embargo, los delincuentes se burlaron de la marcha, de la sociedad y del gobierno en todos sus niveles –lo que era de esperar- cuando en plena evento negociaron la libertad de un niño mediante el pago de miles de pesos.


Mientras tanto, de Albertrix sólo se sabe que se integró a una secta y, en las calles de Nueva York, con un sayal viejo y un cayado, porta un cartel con el anuncio de que “el mundo se va a acabar”. Los que se salven –los elegidos de Dios- iniciarán un nuevo orden donde seguramente la coqueta Laurex enviará sus mensajes y contoneos a Trucutú, reiniciándose así la lucha entre los seres humanos.

lunes, 1 de septiembre de 2008

6. Fantasmas

¿Vida después de la muerte?

Esta pregunta se la ha hecho el ser humano desde que tuvo consciencia –a diferencia del reino animal- de que su vida tendría un final. La mayoría desearíamos prolongar nuestra existencia más allá de la muerte.


Los fantasmas son parte de esa prolongación de la vida, seres etéreos que se desprenden de un cuerpo que existe en la tercera dimensión para pasar a otra y que, de vez en vez, se hacen “presentes” mediante manifestaciones fuera de lo común.


La primera manifestación registrada por Alberto sobre la presencia de estos fantasmas la tuvo cuando observó cómo varios libros caían, sin causa aparente, de uno de los estantes de su biblioteca. Minutos después, llegó la noticia de la muerte de la abuela.


La televisión –recién comprada- se apagó de repente. Al control se le apretaron las teclas; los botones de encendido del aparato y del regulador de voltaje fueron movidos nerviosamente, sin resultados. Instantes más tarde sonó el teléfono y, luego, la noticia desde Saltillo: el fallecimiento de su padre.


¿Cuántas veces, mientras se piensa en una persona ya fallecida, se siente una ligera presión sobre el hombro, como la mano de alguien que avisara: aquí estoy?


San Compadre asegura que los fantasmas son espíritus que quedan atrapados entre este mundo y el cosmos; muchos de ellos convertidos en “ángeles protectores” y otros penando por obras que dejaron inconclusas. Ninguno de esos espíritus va al cielo o al infierno, sencillamente, “están” presentes aquí mismo, en una dimensión desconocida. También los hay chocarreros, esto es, que les gusta hacer bromas a costillas de los vivos; o los diabólicos, que aún después de su partida, siguen haciendo el mal.

En las costumbres cristianas se decía que los criminales enterrados con símbolos sagrados vagaban por el espacio buscando su descanso y perdón.

En los hospitales de campaña, durante las guerras, o en los actuales de emergencia, es común la presencia de esos fantasmas que vagan en busca de un lugar de reposo.

Alberto, que sufrió quemaduras graves, tuvo que ser hospitalizado y cuenta que, de vez en vez, “veía” o imaginaba que “algo” se movía a su alrededor. Desde su cama, “sentía” que “alguien” se sentaba a su lado. En otro momento, le empujaban los pies para hacerse un hueco y colocarse en ese lugar. Se preguntó si no serían signos de que se acercaba su muerte.

Una enfermera le comentó, con una sonrisa en los labios, que esos eventos eran comunes en los hospitales de traumatología donde muchos morían sin siquiera haber recobrado el conocimiento y seguía su espíritu ahí.


Pienso -decía Ana Laura, que así se llamaba la enfermera- que muchas personas mueren aquí y ni se dan cuenta. Su ‘espíritu’, ‘alma’ o como se llame, comienza a vagar buscando a su familia, su casa, sus seres queridos, ¿qué sé yo lo que busquen? Añadía.


Luego comentó que era frecuente que las enfermeras se llevaran a su casa a alguno de “ellos”. Tal vez -dijo- el vestido blanco les atraiga y ‘piensen’ que podemos reunirlos con su familia o a encontrar su casa. En mi caso –recordaba - frecuentemente tenía visitas. De pronto, una sombra pasaba por el pasillo o por la cocina, y la familia, acostumbrada a estos hechos, sólo nos mirábamos unos a otros, y los chicos expresaban: ¡ya trajiste a otro invitado! En una ocasión me llevé a un niño que se sentaba en la cama de mis hijos; ellos lo veían y llegaban a platicar con él.


Recordó que en ocasiones, desde la jefatura de enfermeras, saliendo a la medianoche para hacer su rondín por los pabellones del hospital se podían apreciar a muchas, muchas personas vestidas de blanco, “flotando”, con sus rostros difusos, preocupados, buscando algo o a alguien. Brillaban y daba ternura sentir su tristeza sabiendo que vagarían así sin encontrar a un conocido que les diera el adiós. Tal vez esperaban que se les dijera la verdad:”vete, tú ya estás muerto”. Varias de las enfermeras sabían de estos fantasmas en los pasillos del hospital, pero la mayoría se reservaba el comentario sobre sus visiones.


Alberto recuerda su inclusión –como novel reportero- en los disturbios del ’68. La noche de Tlatelolco le trae fantasmas que han caminado a su lado por casi 40 años. También los de la matanza del Jueves de Corpus; los de la guerra sucia de Echeverría o los de las guerrillas centroamericanas donde fue levantando los fantasmas de quienes cayeron creyendo en el renacimiento del cristianismo (Teología de la liberación)


Los fantasmas “habitan” no sólo en casas antiguas donde –como dicen por ahí- se respira miedo, sino también en los lugares que menos imaginamos. Hay pueblos fantasmas que albergan a miles y miles de ellos. Real del Catorce, en el estado de San Luís Potosí, es uno de esos ejemplos.


También, en el espacio sideral aparecen los espectros: corrientes estelares, que no son sino una galaxia enana que colisionó con otra hace millones de años convirtiéndose en un fantasma que sigue apareciendo, aunque ya no exista, en los radiotelescopios.


Como el verso de Leopardi: vaghe stelle dell’ orza: “Sé muy bien que una de esas vagas estrellas sin nombre me pertenece (…) Puede que haya desaparecido hace miles de años y que su luz sólo sea un grano de sal que brilla de noche sin nada que la sustente (…) Tal vez esa estrella sin nombre, que he adoptado, sufrió una explosión y desapareció del universo, desintegrada en la nada; pero su luz parpadea esta noche en mi frente y a ella le dirijo mis deseos (…) Esa estrella que ya no existe (ese fantasma) es la que amo y aún me pertenece”.