lunes, 25 de agosto de 2008

5. Reencarnación

Con cierta frecuencia, Alberto tenía lo que consideraba “viajes” a sus anteriores vidas. “Hay momentos de angustia que me vienen cuando veo cosas o escucho música de los 20’s o los 40’s” –decía- y luego se preguntaba si serían momentos en los que dejó cosas sin terminar; rompecabezas de la vida que quedaron sin armarse. Piezas abandonadas en el pasado. ¿Qué pasará cuando se logre armar el rompecabezas de mi vida? ¿Finalmente descansaré en paz?

La trasmigración, reencarnación o el renacimiento de un ser humano han sido a través de los tiempos misterios no resueltos. Como Dios o los ovnis, la reencarnación es una necesidad del hombre para no sentirse solo. Sin embargo, según Alberto -que no cree ni en la paz de los sepulcros- el hombre debe inventarse "respuestas" para lo que no puede entender.

El alma, el espíritu o como se llame esa chispa de energía que llevamos dentro quisiéramos que migrara, encarnara en otro ser, que volviera a nacer.

En el pensamiento moderno, la reencarnación es el conjunto de ideas recogidas de la Cábala, procedente de Egipto y transmitida hasta nosotros por los pitagóricos y los neoplatónicos. Aparece también con los budistas y los espiritistas. En cualquier caso, es una creencia muy bella y esperanzadora. Nos consuela ante la aterradora perspectiva de desaparecer definitivamente después de la muerte.

Para muchos, el viaje de la psique a través de los tiempos tiene por objetivo que el alma o espíritu aparezca de cuerpo en cuerpo a fin de aprender en diversas vidas las lecciones que proporciona la tierra y alcanzar una forma de liberación o de unión con un estado de consciencia más alto.

En casi todas las filosofías –religiones- aparece este fenómeno. Sin embargo, las religiones judeocristianas (cristianismo, judaísmo e islamismo) no contemplan este ir y venir de las almas; sin embargo, creen en una resurrección al final de los tiempos (¿) Incluso, la reencarnación ha sido considerada herejía por sus líderes.

Por otra parte, corrientes orientales consideran que quienes no tuvieron un comportamiento positivo en esta vida podrían regresar como cucarachas, ratas, arañas y otras alimañas, a lo que Laura expresó: ¡guácala!

La cultura judía rechaza la idea de la reencarnación pues “todos tenemos que morir, y seremos como agua derramada que ya no puede recogerse” (2.Samuel 14.14.) a lo que se agrega que “está establecido que los hombres mueran una sola vez y, luego, el juicio” (Hebreos 9.27), lo que hace para ese culto incompatible la resurrección con la reencarnación.

Para algunas culturas mesoamericanas, el hombre llegó del paraíso a la tierra prestado y regresará a ese lugar algún día. Para los mexicas, por ejemplo, el paso por nuestro planeta no es una reencarnación sino una mera visita. ¿Acaso en verdad se vive en la tierra? Se preguntaba el poeta Nezahualcóyolt, que en otro poema expresaba “sólo venimos a dormir, sólo venimos a soñar”. Cuaucuauhtzin, en otra poesía, relacionada a la vida y a la muerte, decía: “no volveré una vez más, jamás volveré a salir sobre la tierra”.

Así, almas y cuerpos no pueden ser reciclados.

San Compadre, que es escéptico por naturaleza, al escuchar sobre la reencarnación sólo acertó a decir: ¡pamplinas!

Para San Compadre, cuando escuchamos música o vemos objetos que nos remiten a la época en que fue escrita o elaborados los mismos, es, ciertamente, una regresión, pero no del alma, sino de una de las minúsculas partes de las que está formado nuestro ADN. Heredado de vida en vida, en algún momento, ese pequeño trozo de la espiral efectivamente estuvo en otro espacio, presente en tiempo y lugar, y quedó como un pequeño byt que brinca de disco duro en disco duro de una computadora a otra.

En otro tiempo, Carl Gustav Jung imaginó lo que se denominó “inconsciente colectivo”, esto es, una memoria almacenada en las adedeninas, guaninas, citocinas y tininas, o lo que es lo mismo, las pequeñísimas madrecitas que integran la doble hélice del ADN y que todos transportamos de alguna forma hasta nuestros tiempos.

Las diversas religiones nos venden el paraíso (para los buenos) o el infierno (para quienes no nos portamos tan bien) y en otras filosofías nos ofrecen la reencarnación, como una chispa de esperanza en nuestra soledad universal (mientras los marcianos no se hagan presentes).
Por otro lado, hay algunas evidencias de que el espíritu o el alma del ser humano no se aleja de nuestro planeta tan rápidamente como suponemos, y de ahí la presencia de los fantasmas (que será motivo de otras reflexiones), que nos asustan o se convierten en “ángeles de la guardia” de algunos vivos.

San Compadre concluye que debemos olvidarnos de vidas pasadas y futuras y aceptar la muerte como sino fatal, como la gran maestra que nos susurra al oído: “Carpe diem”, es decir, vive la vida en el aquí y el ahora, sin dejar situaciones inconclusas, pues no sabemos que llegará primero, la muerte o el día siguiente.

martes, 19 de agosto de 2008

4 1/2. ¡Gaaaas!

Pertinente aclaración:

Alberto y el verdugo tejano tuvieron discrepancias sobre el método para deshacerse de José Medellín, secuestrador, violador y asesino de dos niñas hace unos 15 años. El verdugo consideró que la forma más efectiva, al tiempo que noble e indolora de la ejecución debió ser mediante una inyección letal al estilo de Texas; Alberto, por su parte, se inclinó por la cámara de gas mexicana. En las reflexiones dedicadas a la pena de muerte (Condenas 15/08/08) Medellín muere en cámara de gas, cuando debió decir por inyección letal.

La historia esta tomada de un hecho que refiere a un condenado a muerte al que, como una última voluntad, le ofrecen escoger el método para su ejecución: la inyección letal o la silla eléctrica, de Estados Unidos; la horca en Inglaterra, la guillotina en Francia, el fusilamiento en Sudamérica o la cámara de gas en México.

Extrañado, el prisionero escoge el sistema mexicano, el que supone no existe.

En el reclusorio sur, en una pequeña celda de 90 por 90 centímetros, el reo observó, a unos 10 metros de altura, un cielo despejado y muy azul. Reía a más no poder de la cámara de gas mexicana cuando, un tipo mugroso y de overol, gritaba:

El gaaaas… y soltaba desde lo alto un cilindro con gas de 30 litros.

lunes, 18 de agosto de 2008

4. Condenas

Una tarde de 1993, cuatro sujetos de apellidos Medellín, Cantú, Pérez y O’Brien, integrantes de una banda conocida como “blancos y negros” secuestraron a dos niñas, Jennifer Ertman y Elizabeth Peña, de 14 y 16 años, a quienes posteriormente violaron, torturaron y asesinaron.

Según testimonio de los familiares de las dos niñas estos tipos, uno de ellos mexicano (Medellín) “las violaron repetidamente más de una hora y se vanagloriaron de arrancarles sangre virgen (…) Después de violarlas empezaron a ahorcar a Jennifer con su propio cinturón. Cuando Medellín decía: ‘la puta no se muere’, el cinturón con el que trataban de ahogarla, del cual jalaba un joven de cada lado, se rompió. Por eso tuvieron que ahorcarla con sus propias manos. Después saltaron encima de ella y le rompieron las costillas; querían asegurarse que estuviera muerta. Elizabeth, severamente golpeada, les suplicó que la dejaran ir. Les prometió que se dejaría violar nuevamente…”

La segunda chica sufrió las mismas agresiones que su amiga y murió en el lugar.

Los cuatro fueron encontrados culpables y el primero que recibió la pena capital fue Sean O’Brien, en 2006, en tanto que Peter Cantú, está ya en el pabellón de la muerte en espera de su ejecución y, José Medellín, terminó en la cámara de gas hace unos días. Efraín Pérez, por ser menor de edad, en ese tiempo, fue condenado a cadena perpetua.

En el parque T, C. Jester, de Houston, Texas, como testigos mudas quedan dos pequeñas bancas, una frente a la otra, con la inscripción “in memory of Jennifer Ertman”, y otra, “in memory of Elizabeth Peña”.

En Nuevo Laredo, así como en algunas ciudades texanas apareció un curioso humanismo patriótico en defensa de quien secuestró, violó, torturó y asesinó a dos jovencitas hace 15 años.

En Estados Unidos han sido ejecutadas “judicialmente” 5 mil 400 personas, y que se sepa no ha habido protestas de quienes parecen estar defendiendo inexistentes derechos o “privilegios de nacionalidad”. No han faltado buenas conciencias que aseguran que el hombre no es dios para matar a su semejante. Cosa que no les dijeron a tiempo a los asesinos.

En algunos países donde se aplica la multicitada pena, como en Singapur, China, Japón, India, países árabes, entre otros, los condenados llegan al patíbulo de manera expedita. En Estados Unidos, las apelaciones, junto con la labor de sectas religiosas procuran que el plazo se alargue y que cuando el reo cumpla la condena éste casi se la crea de que actuó como brazo ejecutor de Dios (como Judas Iscariote) y que, por tanto, arrepentido (como en la obra: “Los perros de Dios”) se ira al paraíso un segundo después de su muerte.

En el caso mexicano, a diferencia de los que aplican la pena de manera expedita o los que, como EEUU, alargan la diligencia, los asesinos, secuestradores o violadores sólo tienen que tener una gran paciencia para que, entre los laberintos de las leyes nacionales, se encuentre el resquicio que les permita salir a los tres, cuatro o, como máximo, cinco años, de la cárcel.

Carlos A. Madrazo, cuando ocupó la gubernatura de Tabasco, la entidad era un caos, sobre todo por la existencia de salteadores de caminos. La orden fue tajante: donde los encuentren, desaparézcanlos. Fueron unos cuantos salteadores los que no sobrevivieron, y los que sí, no regresaron al estado, mientras fue gobernador Madrazo, según platicaba su compadre Etzael García.

Quienes defienden la existencia de criminales confesos, seguramente nunca han sufrido en carne propia sus actos; no les han secuestrado a un hijo o violado a una hija o hermanas, o asesinado a un ser querido.

Con la muerte del niño Martí, México entra una vez más en la doble moral.

Extraña doble cara de los mexicanos cuando defienden a ultranza a un “connacional afrentado” por las leyes americanas y en cambio piden que regrese la pena capital a México cuando hay casos como el de Fernando Martí.

Pero no para ahí el doble rasero, San Compadre quedó estupefacto cuando el Presidente Calderón propuso que haya delincuentes de primera y de segunda. Esto es, que quienes secuestren y asesinen a adultos serán de primera, pues no alcanzarán la cadena perpetua, y en un descuido podrán salir de prisión pronto; en tanto que los que no elijan correctamente a sus víctimas (mujeres y niños, como en los naufragios) caerán en el error de ser delincuentes de segunda y, seguramente, tendrán cárcel de por vida.

Un buen número de mexicanos está seguro de que los policías que asesinaron a la familia de Tlaquepaque, Jalisco (la pareja, tres niños y una jovencita) o los de Fernando Martí, u otros “representantes de la ley”, también asesinos confesos, saldrán libres en unos cuantos años y el Estado se ahorrará su manutención de décadas por venir.

La verdad, San Compadre, Laura y Alberto no derramarían una lágrima por la muerte de un secuestrador, de un violador o de un asesino.

jueves, 14 de agosto de 2008

3. Virginidad

Pero… ¿hubo alguna vez once mil vírgenes? (1931); con esta frase, Enrique Jardiel Poncela concluye una de sus mejores obras, jocosa historia al tiempo que es una reflexión sobre la pérdida irremediable de la pureza de una sociedad que busca, desquiciada, apartar la vista de todo lo que es bello.

El tema y el título fue tomado de una leyenda que nos remite a una lápida del siglo IV, descubierta en una capilla de mártires en Colonia, y que habla de las XI. M. tomado como once mil vírgenes. Al parecer, la inscripción fue leída equivocadamente como undecimilia, once mil, cuando debía ser once mártires, que fueron las doncellas que acompañaron a santa Úrsula para ser masacradas por los hunos.

La virginidad ha sido motivo de prejuicios, de leyendas, virtudes junto con condenas de todo tipo.
Los griegos escogían a las niñas más perfectas para que a su llegada a la juventud fueran consagradas a la pura e inmaculada Vesta, también conocida como Hestia, diosa del fuego y la chimenea familiar. Las Vírgenes Vestales eran las sacerdotisas cuya principal función era mantener vivo el fuego sagrado de Vesta.

San Ambrosio (340-397), arzobispo de Milán que tanto influyó en el emperador Teodosio y en la conversión de San Agustín, decía que la virginidad no es para ser mandada, sino aconsejada y deseada, como cosa que sobrepuja las fuerzas humanas y puede ser objeto de voto, pero no materia de precepto. “… la virgen consagra enteramente su pensamiento a Dios, para ser santa en el cuerpo y en el espíritu”

Así, la iglesia Católica ha venido propiciando desde los primeros siglos de nuestra era la conservación del himen como divisa de virtud. Claro está que éste, el himen, se puede desgastar por razones diversas y diferentes a las relaciones sexuales, como el montar a caballo o bicicleta, practicar ballet, hacer gimnasia o hasta por un fuerte golpe, y la susodicha ni enterada que así perdió el tesorito.

En algunas religiones, como la judía e islámica, puede ser un factor muy importante del valor espiritual y un requisito para el matrimonio. Así, en Lille, Francia, un juez se sintió autorizado para anular el himeneo (que no lo fue) de dos musulmanes porque ella, que no era virgen como había asegurado, engañó a su esposo (un ingeniero) y a su familia. La boda, dijo el juez, se llevó a cabo mediante el engaño y por tanto quedaría revocado el documento civil.
Por lo anterior, en algunos países se ha hecho común restaurar la virginidad quirúrgicamente, es decir, mediante una reconstrucción del himen. Esto, además, ha permitido que algunas chicas vívales se aprovechen de chicos no tan vivos.

Para algunas organizaciones feministas y defensoras de los derechos humanos, la virginidad en la mujer es un desprecio y una muestra del machismo.
En el pasado siglo XX, cuando se llevó a cabo el Concilio Vaticano II, la congregación del culto divino se reunió con el papa Pablo VI para solicitarle la renovación de la orden de Vírgenes, dentro del “Ritual de la consagración de las Vírgenes” (31/may/1970) (ordo consecrationis) Consecuencia de ello, hace unos días, el papa Benedicto XVI recibió en la ciudad del Vaticano a 3,000 vírgenes consagradas a mantener intacta la conservación de salva sea la parte con el propósito de vivir sus vidas, tal como les exhortó el Pontífice, “de tal manera que siempre irradiéis la dignidad de ser esposas de Cristo”.

En esta ocasión se les entregaron insignias de la virginidad consagrada: anillo, velo y el libro de la Liturgia de las Horas, ante el morbo y la torva mirada de curiosos que las imaginaban las más feas o que por alguna razón emocional se negaban a gozar del placer que su mismo Dios les había dado.

El tema ha dado motivo para novelas y películas de todo tipo. La más sonada fue la historia real novelizada y luego llevada al celuloide, de “Las vírgenes suicidadas”, esto es, las hermanas Lisbon que prefieren la muerte antes que sacrificar su himen ante cualquier chamaco. Cecilia, la más pequeña (10 años) se lanza al vacío y cae sobre los hierros de la verja. Meses después Bonnie, Therese, Lux y Mary se suicidan también ante el temor de enfrentar el sexo.

Recordemos “El rincón de las vírgenes”, “El castillo de la pureza” y tantas otras cintas que han intentado mantener la virginidad a salvo de la lujuria o el deseo de los hombres –aunque, al parecer, a las chicas lesbianas es uno de los detalles que menos les importan-
En su juventud, Alberto tuvo la brillante idea de montar una agencia que otorgara título de “virgen calada” a la chica que lo solicitara. La oficina no prosperó pues la mayoría de sus amigas ya no requerían del certificado, y otras no cumplían con el perfil estético que exigía el dueño del negocio.

2. Prisioneros

Cuando hablamos o escribimos sobre prisioneros, inmediatamente proyectamos nuestro pensamiento a las cárceles que la justicia o el poder ha plantado a lo largo y ancho del mundo.

Los derechos humanos no deberían ser de derechas ni de izquierdas; sin embargo, la derecha se ha preocupado más de los derechos individuales mientras que la izquierda de los sociales. Cuando un individuo es encarcelado sin juicio, como sucede a menudo en nuestro mundo, pierde su derecho a la libertad, pero también a la educación, al trabajo, a la familia y lo que es peor, a un futuro.

Estados Unidos, país que se nos había pintado como el faro de la libertad, donde las garantías de los individuos eran respetadas, se ha convertido en el país donde los derechos humanos y las libertades son más pisoteados. Sus acciones nos remiten a los tiempos de los nazis o al estalinismo. En sus prisiones se experimenta con castigos para doblegar el espíritu de los individuos y obligarles a renunciar a sus creencias y principios políticos. En Irak, por ejemplo, tiene más de 10,500 cautivos y más de cien son menores de 18 años, eso sin descontar las jaulas en Guantánamo o de Abu Ghraib donde sobreviven hombres y mujeres sometidas a torturas y privaciones sensoriales, independientemente de 18 buques de guerra habilitados –por estar en aguas internacionales- como impunes centros de reclusión.

En Ushuaia, la isla del Fin del Mundo, en Argentina, está la antigua prisión a donde iban los más crueles asesinos o los denostadores del gobierno en turno. Allí, por unos dólares, a los turistas les colocan un traje amarillo con rayas negras horizontales y grilletes en los tobillos con lo que el desplazamiento se hace muy lento. Las celdas son pequeñas y no cuentan con servicios, y comparada la temperatura exterior en 10 grados bajo cero, éstas son templadas con sólo dos grados. Esto forma parte de la “visita virtual” al presidio de Ushuaia y dura poco más de dos horas; los turistas pagan por vivir los momentos de terror que soportaban los más terribles delincuentes de las primeras décadas del siglo pasado.

En el Medio Oriente, los palestinos se han convertido en prisioneros en un país delimitado al gusto de los poderosos, y sin una salida al mundo externo. Es un país-cárcel.

También sufren escarnio a manos de delincuentes los secuestrados por bandas o por guerrillas de todo tipo en el mundo.

Pero el tema central de hoy son los prisioneros sin rejas.

Hay muchos penados que no están tras las rejas: Las víctimas de la violencia, las niñas y jóvenes mujeres obligadas al comercio carnal, o las mujeres musulmanas a quienes con la ablación se les priva de la libertad del placer que el mismo Alá dio al ser humano. Otras miles o millones de mujeres y niñas son víctimas de la violencia intrafamiliar.

Los países a donde llegan los cientos o millones de hombres y mujeres en busca de una vida mejor, se convierten en prisioneros de su nueva residencia, pues no pueden desplazarse con la libertad deseada, temiendo en todo momento ser descubiertos por las policías de migración y su consecuentemente deportación, sin más riqueza que la ropa que traen puesta.

Hay quienes son prisioneros de un trabajo por necesidad, el que realizan con horarios largos y salarios cortos. Las modernas empresas contratan a profesionistas que deben cumplir con “objetivos”, para lo cual tienen horarios que rebasan, en la mayoría de los casos, las 11 horas de labor (con su hora de comida, faltaba más) y con una espada sobre la cabeza, que más pronto que tarde, sin aparente justificación, le dicen: hasta aquí llegaste. Son rehenes de su propio contrato, firmado simultáneamente con una renuncia sin fecha.

Privados de la libertad también son quienes en una cama o silla de ruedas han sido encarcelados por una enfermedad o un accidente; o los que viven privados de la lucidez por una enfermedad mental, una embolia y otros males que atacan al cerebro, con aviso y sin él.

También son condenados quienes, por ignorancia, están en la imposibilidad de avanzar por la vida sin más esperanza que recibir un magro salario mínimo.

Hasta hace poco, en muchos lugares, los homosexuales o lesbianas eran prisioneros por sus preferencias, (encerrados en un closet, decían) señalados en algunos casos y en otros, salvajemente reprimidos.

Los presos sin rejas ni grilletes son los olvidados de los derechos que sólo son mencionados en los discursos políticos previos a las elecciones.

Finalmente, otros prisioneros sin rejas son los enajenados por los medios de todo tipo –especialmente la televisión- que como los cubre-ojos de los caballos, sólo se les permite ver hacia el frente, sin poder vivir motivados o con objetivos claros para su futuro.

1. Infidelidad

“No ser amados es una simple desventura, la verdadera desgracia es no amar”: Albert Camus.

Para el tocayo de Camus, la lealtad es preferible a la fidelidad: querer y respetar a la pareja, atenderla y entenderla, cuidar de ella. Alberto ha sido, por ello, leal a todas y cada una de sus mujeres.

La fidelidad siempre es un comportamiento complejo en el ser humano, y también, porqué no, entre los animales. En el caso de los segundos, quienes se llevan el trofeo son los pingüinos, a los que cuando les falta la pareja mueren en la soledad. Otros ejemplos son las orcas, los lobos y delfines que forman parte del club de los fieles de la fauna; así también el puercoespín, los loros y guacamayas.

Además de Adán, los únicos seres humanos fieles a su pareja son los enamorados; para ellos es fácil esa condición, pues de todos es sabido que el amor cierra la mente, y los ojos sólo se dirigen hacia la pareja amada.

Pero cuando el tiempo pasa (la comezón del séptimo año) el hombre y la mujer ya no miran únicamente hacia el lado de su pareja; los ojos comienzan a virar hacia un alrededor no captado hasta ese momento. Además, en los tiempos modernos todos trabajan sin descanso, en una carrera aparentemente hacia ningún lado, y las parejas son fieles de fin de semana.

En muchos casos, la fidelidad del hombre se basa en la pereza mientras que la de la mujer en la costumbre. Es común ver a varones con la oportunidad de tener una aventura, bien con una compañera de trabajo o con una amiga; sin embargo, a la hora de iniciar el escarceo le viene una “flojera amorosa” y decide no cambiar la comodidad con su pareja a un futuro incierto.

Se confunde, a menudo, la fidelidad con el aguante. Aguantar significa resistir el peso de una carga, y esto es condición propia de muros y columnas.

Pero hay la contraparte del tema, hay quienes consideran que “una cana al aire” puede ayudar a renovar el amor. Además, recordemos que la infidelidad en el hombre es ostentosa en tanto que en la mujer es discreta.

Quién no ha deseado o imaginado alguna vez una relación con alguien distinto a su pareja o que al hacer el amor surja en la mente la figura de otro ser deseado. Quien diga que no, está mintiéndose a si mismo.

Cuántas veces, después de años de matrimonio, a él o a ella se le presenta la persona que debió ser el amor de su vida en su momento; o bien ese amor llega con la serenidad que en la madurez tiene otro matiz, encauzando al individuo a la infidelidad.

Los psicólogos-terapeutas han dicho que sólo las personas con baja estima, inseguras, con poca capacidad para controlarse, son las más propensas a ser infieles a su pareja. Sin embargo, están también los hombres y mujeres que no pueden vivir sin tener la adrenalina por lo muy alto (recuerden “Atracción fatal” que aterrorizó a millones de varones en el mundo) en las que intervienen las mentiras, las escondidillas, el miedo a ser descubierto, etcétera. Todo eso forma parte del juego de la infidelidad.

Uno de los héroes de Alberto, el doctor House de continuo pregunta a una paciente o a la pareja del paciente si han sido infieles, de lo que colige cuál es el mal que aqueja al enfermo.

Muchas enfermedades, físicas o mentales, podrían evitarse si las parejas fueran fieles a morir. El Vaticano ha reiterado que sólo con la fidelidad o la abstinencia podrá frenarse el sida y otros males de transmisión sexual; aunque a estas alturas del partido, los llamados del Papa son como los repiques a misa.

Hay quienes consideran que la fidelidad es “antinatural” y que conlleva a renunciar a muchos otros satisfactores que la naturaleza le brinda al ser humano. Con los años, él o ella, se arrepienten en muchas ocasiones de la virtud -como las vírgenes—de conservar el tesoro.

Alberto, sin arrepentimiento, confiesa que la única fidelidad que conoce es la de los reproductores de sonido, los de Hi Fidelity.