martes, 9 de septiembre de 2008

Armas

Una mañana, Albertrix observó cómo miraba Trucutú con ojos lascivos el andar cadencioso de Laurex, la que, de vez en vez, volteaba y le enviaba una coqueta sonrisa. Albertrix no pudo contener sus celos, tomó un garrote y propinole fuerte paliza al de cascos ligeros mientras que a la casquivana la envío al exilio.


La tribu de Trucutú, que dio asilo a la coqueta Laurex, pensó que la mejor forma de defenderse del salvaje vecino era fortificar la aldea y preparase para un posible ataque con piedras suficientes. El esperado embate se dio y las piedras resultaron mejor defensa que el uso de los garrotes.


Con el tiempo, la gente de Albertrix se refugió en aldeas escondidas entre los bosques, donde observaron que un palo largo, con punta, era un arma eficaz que les defendería de los hombres de Trucutú, quienes, por su parte, descubrieron el arco y la fecha.


Pasados los años, Albertrix pensó que si ponía fuego en la punta de la flecha incendiaría las chozas de los amigos de Trucutú. Pero los segundos no perdieron el tiempo y para defenderse fabricaron escudos y amurallaron su territorio.


La humanidad progresó, y en el medievo, la catapulta y las torres de asalto, junto con la pólvora pirateada por Marco Polo en China, sirvieron para que los diferentes grupos lograran el equilibrio de la población mundial, ayudados por el cólera y otras enfermedades.


El “arte” de la guerra fue evolucionando hasta llevarnos a una primera gran guerra mundial donde la muerte en las trincheras fue más eficiente con la aparición de tanques y otros artefactos de destrucción que se sublimaron en la segunda gran guerra mundial; que también ayudó al equilibrio poblacional.


Los primeros misiles fueron detectados, accidentalmente, por un fotógrafo de prensa, que apareció al imprimir una de las placas cuando estaba a punto de dar en el centro de Londres. A partir de ese momento los cohetes fueron evolucionando hasta nuestros días.


Los Estados Unidos, con tecnología nazi perfeccionaron la bomba atómica y la estrenaron en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. La bomba nuclear, como también se le conoce, está ahora en manos de unos cuantos gobiernos que integran el club atómico.


Finalmente, Trucutú W. Bush ha probado, al parecer con éxito, la bomba neutrónica sobre las tropas iraquíes que se habían hecho fuertes en las cercanías del aeropuerto de Bagdad. La mencionada arma mata todo ser viviente en un amplio radio, pero no destruye instalaciones de ningún tipo.


En México –en otro tiempo Anáhuac- las guerras floridas fueron las más sobresalientes y perseguían más la obtención de prisioneros para los sacrificios a Tonatiuh que la expansión territorial. Esto, hasta que llegaron los españoles con arcabuces y las primeras pistolas de chispa; luego, los franceses invadieron nuestro territorio con mejores fusiles, además de cañones con mayor capacidad destructiva. Lo mismo hicieron nuestros “buenos vecinos” para quitarnos medio territorio.


La revolución de 1910 costó una generación completa de mexicanos que murieron en los campos de batalla con sus grandes sombreros y cananas cruzadas en el pecho con cartuchos 30-30.

Finalmente, la revolución cristera fue sólo una serie de escaramuzas donde los campesinos iban a la muerte con un escapulario al pecho con la leyenda “detente bala, el Corazón de Jesús está conmigo”.

Fuera de la matanza en Tlatelolco, en 1968 y la guerra sucia ordenada por Echeverría para limpiar de comunistas a México, no ha habido más muertes por razones sociales.

Ahora, en los dos gobiernos del cambio, nunca como antes había habido tanta muerte de seres inocentes y tanto miedo entre los ciudadanos ante la ola de secuestros y asesinatos por doquier. Esto, además de la lucha que se ha dado entre las diferentes mafias (carteles) de narcotraficantes, que sólo en el mes de agosto sumó varios miles de muertos, entre ellos 28 decapitados.


El número de secuestros y asesinatos en México es el más alto del mundo; triste primer lugar, aberrante medalla de oro ante la comunidad internacional. Y ni a dónde acudir si el ciudadano ha perdido la confianza en las autoridades policiales, que en más de una ocasión forman parte de las bandas de secuestradores, violadores y asesinos.


La guerra prehistórica con garrotes y piedras ha sido superada con mucho por los delincuentes mexicanos que tienen, ahora, mejor armamento que muchas corporaciones policíacas.


Hay quienes están esperanzados en que la manifestación de decenas de miles de ciudadanos, que terminó iluminando la plaza de la Constitución, en la capital, y las de otras plazas, tenga una respuesta positiva y a corto plazo. Sin embargo, los delincuentes se burlaron de la marcha, de la sociedad y del gobierno en todos sus niveles –lo que era de esperar- cuando en plena evento negociaron la libertad de un niño mediante el pago de miles de pesos.


Mientras tanto, de Albertrix sólo se sabe que se integró a una secta y, en las calles de Nueva York, con un sayal viejo y un cayado, porta un cartel con el anuncio de que “el mundo se va a acabar”. Los que se salven –los elegidos de Dios- iniciarán un nuevo orden donde seguramente la coqueta Laurex enviará sus mensajes y contoneos a Trucutú, reiniciándose así la lucha entre los seres humanos.

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