jueves, 30 de octubre de 2008

Post especial. "El amero"

Ante la pregunta que le han hecho a San Compadre sobre un video que promueve el "amero" como nueva moneda del siglo veintiuno, nos comenta el filósofo mexicano que ésta ha sido una de las más grandes vaciladas de que tenga memoria. El tipo que envió el video ha sido acusado de continuo de nazi, estafador, terrorista virtual y otras lindezas. Además, dice que cambiemos nuestros pesos o dólares por marcos alemanes (glup), francos franceses (recontra glup) y francos suizos (ya no hay más glups) monedas que dejaron de circular en el año 2000 cuando entró en vigor el Euro. Así que sólo si encuentran un cofre enterrado con francos, marcos o pesetas podrán cambiarlos por pesos o venderlos por kilo de papel. Después de esto, San Compadre derrama lágrimas en el hombro de Alberto.

lunes, 27 de octubre de 2008

#13. Ana

En la soledad de un ascensor, de una pistola Makarova salieron cuatro certeros disparos que acabaron con la llamada “voz de los débiles”, Ana Politkovskaya, quien había sido defensora acérrima de los derechos del pueblo chechenio y de los sufrían tortura y vejaciones por parte de quienes no han querido la llegada del estado de derecho a su país.

Ana murió como la heroína del periodismo moderno.

Madre de dos hijos, vivía en un modesto departamento de Moscú, desde donde enviaba sus reportajes que tanto incomodaban al nuevo zar de todas las Rusias, el ex agente de la KGB, Vladimir Putin.

Con una carrera limpia, Ana no necesitó de los favores del régimen, ni fue una cortesana del gobierno al que atacó sin piedad por las atrocidades que cometía contra el inerme pueblo chechenio. Se decía de ella que era imposible pedirle que se callara, imposible sobornarla o intimidarla.

“Su asesinato es un golpe en el mismo corazón del periodismo ruso. No será posible compensar su pérdida”, lamentó Igor Yakovenko, secretario general de la unión de Periodistas de Rusia, en ocasión del segundo aniversario del asesinato.

En febrero del 2001, fue arrestada por el ejército soviético, acusada falsamente de espionaje. En esa ocasión se le puso un arma y se amenazó con dispararle. Más adelante, participó en la negociación con los terroristas que secuestraron el teatro Dubrovka, en Moscú en 2002, acción en la que murieron cerca de un centenar de personas. Después, durante el secuestro de la escuela de Beslán, en Osetia del Norte, el gobierno ruso intentó asesinarla mediante envenenamiento. En las dos acciones, Ana había denunciado las atrocidades del gobierno de Putin.

A partir de ahí, las amenazas de muerte se hicieron más frecuentes por sus detalladas crónicas sobre el horror de la interminable guerra en Chechenia.

Ana escribió varios libros y ensayos sobre ese conflicto, entre los que sobresalen “terror en Chechenia”, “la deshonra rusa” y “la Rusia de Putin”.

El asesinato de la periodista ha sido el símbolo de los cientos de crímenes contra reporteros y reporteras anónimos, víctimas de las mafias locales o internacionales, de gobiernos a quienes no conviene se den a conocer sus tropelías.

Honrar la memoria de Ana Politkovskaya, hoy, es defender el derecho del ser humano a pensar y observar el mundo, a no callarse. Ella antepuso la razón y la moral, y por eso la mataron y por eso, sin conocerla, la admiramos.

Al final, la pregunta al periodista del porqué correr riesgos, seguramente la respuesta está en la adrenalina, en una “adrenafília” (*) resultado de un sentido del deber hacia la sociedad muy elevado.

Qué pensaba Politkovskaya cuando recibía amenazas de muerte o, cuando sentía la persecución de sus enemigos del gobierno ruso. Qué piensan los periodistas mexicanos cuando son amenazados por las mafias policíacas, gubernamentales, de narcotraficantes y por otras alimañas.

Es sólo la “adrenafilia”, respondería Alberto.

Escribir ha sido, desde siempre, un riesgo que los periodistas corren durante su ejercicio profesional, sobre todo aquellos que piensan que la transmisión de la noticia es una forma de alcanzar la libertad. Los que se agazaparon en improvisadas trincheras durante los disturbios del ‘68, los que caminaron junto a los sandinistas, a los farabundos o con las guerrillas guatemaltecas en las selvas centroamericanas, o en los disturbios por la soberanía del Canal de Panamá; o los que, sencillamente, desde la redacción de un periódico han denunciado a caciques, mafiosos o políticos corruptos, y han sufrido la presión, persecución y algunos de ellos, la muerte.

México, con excepción de Irak, donde la guerra es evidente, ocupa el deshonroso primer lugar por el número de informadores masacrados o desaparecidos.

En nuestro país, 51 asesinatos y 10 desapariciones forzadas de periodistas y trabajadores de prensa han ocurrido durante el sexenio del cambio de Vicente Fox y en lo que va del gobierno de Felipe Calderón.

En 2007, fueron asesinados seis periodistas y tres trabajadores de prensa y ocurrieron tres desapariciones forzadas de informadores. Y en lo que va del 2008 han sido asesinados 11 periodistas y uno ha sido desaparecido.

Ana es ya un símbolo y era la voz de quienes no tienen voz. Como ella, hay muchos periodistas, hombres y mujeres, que morirán por que no pueden vivir sin la “adrenafilia”.

(*) Término inventado por Alberto, relativo a la inclinación irresistible a vivir derramando adrenalina

#12. Crisis

Todo lo que usted quiso saber sobre San Compadre y no se atrevió a preguntar.
Viejos filósofos, historiadores e investigadores de las cosas ocultas que ocurren en nuestro planeta hubieron de esperar años para descubrir que aún había mexicanos que no tenían un compadre y ni la más remota posibilidad de hacerse de uno. Causas, había muchas: Algunas podrían ser el estar feos, no estar casados (que es pecado), con sangre contaminada, esto es, pesada como plomo; ser más salados que un bacalao noruego o un chamoy acapulqueño; estar incluidos en el “tercer sexo”; o simplemente no tener a quien acudir para solicitar tan preciada condición.

Por lo difícil de esta situación hubo quienes compraban veladoras al mayoreo; unos iban a la Villita a rogar y otros a reclamar por un compadre. No faltó quien acudió a la Corte a investigar si había jurisprudencia al respecto, o con un “licenciado” de los tribunales para, mediante “una corta” o soborno, conseguir el preciado privilegio. Daba la impresión de que nunca lo lograrían.

Un día, Rafael Castilleja se dio cuenta de que un ser que rondaba cerca de sus dominios era el Iluminado que podría poner fin a esa situación angustiante de miles y miles de mexicanos: San Compadre, el santo que concedía el milagro de alcanzar la elevada posición de compadre.

Así, el tipo que nunca estuvo en esa circunstancia ahora recibía el favor y la colaboración de todos pues, es de mal gusto molestar al compadre. Como dice la canción guerrerense: ofender al compadre, es ofender al Eterno. También frase ciertísima de toda cantina que se precie de decente, es la de: “compadre que no se las pide a la comadre, no es verdadero compadre”.

Sin embargo, el haber ascendido a Mac el Iluminado al santoral, esto es a San Compadre, no le quitó lo neuras, lo cascarrabiesco y lo filósofo loco.

San Compadre –que, además, es catastrofista- advertía desde hace años la llegada de una crisis económica mundial, siguiendo a los agoreros del fracaso, a los marxistas y a los emisarios del pasado que anunciaban la caída, desde lo alto de su curva histórica, del imperio norteamericano.
La historia se repite y el mundo es una caja de resonancia donde los errores, como ecos, se reproducen en diversas épocas y con daños variables.

Para San Compadre, la crisis comenzó en los setenta, cuando los EUA abandonaron el patrón oro e iniciaron la impresión de millones y millones de billetes verdes que circularon por el mundo sin más respaldo que la “palabra” del Tesoro americano.

Así, toneladas de papeles se acumulaban en las bóvedas de bancos mientras, los Estados Unidos, compraban a crédito o contra billetes que no tenían más respaldo que la aparentemente sana economía neoliberal, dirigida por Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal.

Para muchos economistas, la presencia de Greenspan en la FED (de 1987 al 2006) fue más negativa que positiva. La actual crisis podría haberse evitado o mitigado si no se hubieran empecinado los seguidores de este financiero en implantar un ambicioso experimento estadounidense, de dar rienda suelta a las fuerzas del mercado. Greenspan, a quien apodaban El Oráculo, consideró siempre que los mercados podían manejar los peligros, mientras que sus detractores afirmaban que la economía norteamericana estaba pendiendo en un hilo en todo momento, y que los riesgos de liquidez eran muy altos.

Una de las primeras señales de esta crisis fue el enorme fraude en la Enron Corporation, en la que los amigos y protegidos del señor George W. Bush, participaron activamente.

Por otra parte, el déficit comercial de EEUU es cada vez más grande, mientras que la deuda nacional crece de manera inexorable. El Reloj Nacional de la Deuda (RND), muy cerca de Times Square, en Nueva York, contabiliza día con día la deuda del gobierno norteamericano (sin tomar en cuenta la deuda estatal, municipal, ni la de los seguros médicos, las jubilaciones, ni, mucho menos, la de las empresas privadas y las cuentas personales) La pantalla fue instalada en 1989 para poner en evidencia los 2.7 billones de dólares que había entonces de deuda; ahora, los dígitos son insuficientes, pues se ha rebasado la cifra de los 10 millones de millones de dólares.

Mientras el país del norte se desgrana con el desempleo y la falta de productividad, los bancos –sobre todo donde hay intereses judíos- han sacado carretadas de millones de dólares. Lehman Brothers Holdings Inc., sacó, cuando apenas se vislumbraba la quiebra de esta empresa de corretaje más de 400 mil millones y enviados a Israel, específicamente al Grupo Hapoalim, Banca Leumi y al Israel Discount Bank (esto afirmado por thetruthseeker.co.uk) Otros bancos han enviado también millonadas a bancos israelíes involucrados en escándalos de contratos del Pentágono, de petroleras y otros, relacionados con la señora Condoleezza, con la familia Bush, etc.

El Reino Unido nacionalizó la banca parcialmente con US$88.000 millones de dólares, Estados Unidos con US$250.000 millones de dólares, Alemania con US$109.000 millones de dólares, y Francia con US$55.000 millones de dólares. Al final –no cercano- los beneficiados de esta estafa neoliberal en EEUU serán los rescatadores Paulson-Bernanke-Bush (¿se acuerdan del Fobaproa-IPAB de Córdoba-Zedillo? Pues la nueva será como diría Gila: a lo bestia) “El rescate apesta” afirma Paul Kugman, comentarista de The New York Times.

¿Y en México? Preguntaría San Compadre.

Aquí, nuestra economía comenzó su caída en el momento en que Luís Echeverría, en un afán protagónico, inició una escalada de deudas con el Banco Mundial y con el Fondo Monetario Internacional. Los norteamericanos conocían de la inflación mexicana, pues imprimían en su país nuestros pesos. Esto duró hasta que Echeverría vendió la idea de que producir nuestros billetes sería económico y muy nacionalista. Así, se imprimieron tantos que en poco tiempo la inflación se nos vino encima junto a la devaluación del ’76 –según había anunciado Alberto con tiempo-.

Carretadas de millones de dólares se pedían al extranjero para obras que, apenas iniciadas, se olvidaban y, algunas de ellas no les ponían la primera piedra, pues ese dinero estaba ya en las cuentas suizas de altos funcionarios.

Los bancos hacían –como siempre- lo que querían. Primero, fueron los aliados del enemigo, luego del gobierno, más adelante nacionalizados, y al poco regresados a los banqueros que, en poco tiempo, querían recuperar el tiempo perdido promocionando tarjetas y créditos como volantes; finalmente, el “rescate” bancario, que será pagado con el trabajo de varias generaciones de mexicanos.

La nación logró deshacerse de los dinosaurios priístas, por corruptos (pero no tontos) decían; y llegaron los panuchos, también corruptos (pero tontos. Fox, p. Ej.)

A corto plazo, México enfrentará una recesión descomunal. La inflación no será el problema mayor, cuanto el desempleo y los conflictos sociales que podrán ser aprovechados por quienes quieren sacar raja del árbol caído.

¿Y el dólar? Podría estabilizarse entre $12.40 y $12.90 pesos por cada billete verde. El problema será que Europa nos quedará cada vez más lejos pues la anunciada recesión en EU nos arrastrará inexorablemente.

El billete verde, hoy por hoy, ha dejado de ser la moneda fuerte mundial.

Alberto hubiera querido hacerse de un buen fajo de papel moneda americana, pero su falta liquidez –efectivo- no le permitió esta especulación que, por cierto, sólo beneficiaría a las casas de cambio o a los especuladores.

Israel observa, desde su cancha los acontecimientos, en espera de con quien ahora aliarse; mientras, los comunes mortales debemos aceptar que asistimos a la redistribución de la riqueza mundial y a un nuevo reordenamiento geopolítico global, y que la esclavitud, bajo diversas formas, está marcando un precedente.

#11. Solovino

Alberto, además de hiperactivo, se había distinguido en la básica por tener los puños sueltos y los pleitos eran cotidianos en la escuela o fuera de ella.


Así, de regreso a casa se topó con dos niños, uno de cuarto y el otro de quinto grado. El primero aún mostraba un ojo morado de la pelea pasada y el segundo le superaba en edad y tamaño.


La pelea, dispareja, estaba dando los resultados esperados por el par, pues mientras el grandulón le inmovilizaba desde atrás, el primero le tundía a más no poder.


De pronto, se sintió liberado del grandote, lo que le permitió repetir la dosis a su compañero de salón y el otro enemigo huía espavorido con una tarascada en una nalga.


Un domingo, al mediodía, Quico, que así le decían al tío Darío, bañaba a un perrillo que, tembloroso y con la cola entre las patas, se dejaba hacer en una vieja tina.


-¿Porqué lo bañas?

-Está mugroso

-¿Cómo llegó?

-Solo vino


Alberto se acercó al cachorro y al tiempo que le acariciaba la cabeza le daba la bienvenida:


-Hola “solovino”.


A partir de ese momento, el perrito fue compañía de Alberto en las buenas y en las malas.


Creció y dejó de ser cachorro y un buen día se pegó al niño que iba a la escuela y se negó a regresar a casa. El trayecto de la casa a la escuela era de unas diez calles y Alberto desde pequeño había sido autosuficiente, así que no necesitaba de la madre para llegar a clases. En la entrada de la primaria el perro vio como se metía su amo y aceptaba el trato de regresar a casa solo. Calculaba la hora de salida y, puntual, estaba frente al plantel pasado el mediodía.


Pasaron los años y en unas vacaciones escolares –que incluían la visita al rancho de la abuela-, el embeleso de nadar en el río, subir hasta lo alto del Peñasco y recorrer sus bosques, hicieron olvidar al chucho que había quedado en la ciudad capital.


Al regreso, lo primero que buscó fue a Solovino…nada…nada. Había un gran hueco que no se llenaba. Las caminatas al colegio eran en solitario y en el retorno a casa la ausencia del pequeño perro era evidente.


Después de días de preguntar, de recorrer las viejas calles de la Villa de Guadalupe, aceptó la pérdida de un entrañable amigo.


La ciudad capital, ahora, dista mucho de la que le tocó vivir a Solovino. El día de hoy, hay una enorme metrópoli en la que los trabajadores se explotan a sí mismos, sin un patrón que intervenga en la brutal batalla por un puesto de trabajo; pero también hay millones de canes de todas las razas y en diversas circunstancias. La mayoría, sueltos por las calles, unos con dueño y otros sin el, con el consecuente problema de salud.


En alguna ocasión, el director de la facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia comentaba a Alberto que si, en época de estiaje, el detritus de los perros que flota en el ambiente fuera fosforecente, la ciudad no necesitaría iluminación.


Escribir sobre estos animales llevaría a un trabajo enciclopédico. Todos son nobles, todos son lindos cuando cachorros, cariñosos con sus amos y agresivos –en ocasiones- en defensa de sus dueños. Abundan las leyendas y los mitos, desde los que acompañaron a los primeros habitantes en las cavernas o los engordados –escuincles- para ser comidos en las fiestas aztecas.


Cuando cachorros, todos son bellos, juguetones y tiernos, lo que les trae la desgracia aparejada. Sólo recordar las películas: La dama y el vagabundo, con una Cocker Spaniel (reina); a Beethoven, con un San Bernardo; Rin Tin Tín, Comisario Rex, K-9, con un Pastor Alemán; Lassie, con una Collie, sin olvidarnos de los Doberman, Rottweiler, etc.


Cada película que ha incluido a estos animales trae junto la venta de cachorros que, pequeños, son la delicia y el “juguete” de los niños; sólo que al crecer dejan de ser graciosos; a los chamacos les aburren y en más de una ocasión los arrojan –a las mascotas, se entiende- a la calle (aunque San Compadre preferiría que fuera también a los niños). Así, vemos a cientos de estos animales adultos que algún día evocaron a alguno de los que aparecieron en las pantallas grandes. Terminan atropellados, mutilados, incendiados –inclusive- por vándalos, arrastrando un único pecado: haber sido remedo de “estrellas de cine”. Con el estreno de la cinta dedicada a unos perrillos chihuahueños habrá, sin duda, un comercio sin medida de estas pequeñas mascotas.


A los canes, como a los humanos, les aquejan alergias, diabetes, gripe y otros males, además sufren de stress. Sabia conseja mexicana es aquella que dice que “los perros abren los ojos a los15 días…los pendejos, nunca”.


Por su porte –y cierto parecido al príncipe Andrés de Inglaterra- Alberto nombró a su pastor alemán “Andrew”, con el que convivió 13 años, hasta que la displasia de cadera, propia de príncipes y perros de esa raza, llevó a la decisión de dormirlo y enterrarlo sentado, en el jardín, frente al portón, desde donde acostumbraba enterarse del ir y devenir de los vecinos.


Alberto, que por esas fechas se había lastimado—levemente- las vértebras lumbares en un accidente en el Iztaccíhuatl, preguntó al veterinario si no habría la oferta de dormir al dos por uno. Lamentablemente, le informaron, la promoción había terminado hacía unos días.

lunes, 6 de octubre de 2008

10. Perdón

Alberto levantó el auricular y escuchó la voz de su amigo Jacobo:

-Estás invitado a comer hoy. Estará Sara, mi mujer y mi hija Ethel. Será de las 14 h a las 17 h.

-Acepto, pero…

-El menú será cabeza de cordero, sopa de poro y acelga y de postre la manzana con miel que tanto te gusta. ¿Estás de acuerdo?

-Tengo pocas excepciones para mis comidas, pero por lo demás, soy un “traga-aldabas”. ¿Pero, cuál es el motivo?

-Quiero externarte mi arrepentimiento por los actos que de manera involuntaria te hubieran ofendido. Quiero pedirte perdón y terminar la decena del Rosh Hashana (año nuevo 5769) al Yom Kippur con alegría.

El próximo miércoles 8 de octubre, a eso de las 7 PM, cuando salga la primera estrella y suene el shofar (antiguo instrumento de viento construido con el cuerno de un carnero) comienza el Yom Kippur, Día del Perdón judío. Este día está reservado a la oración en común –selojot- y al examen de conciencia individual, en el que cada uno pondera su propia conducta religiosa y ética.

En estos tiempos, escuchar la palabra perdón es raro, pero más raro es pedirlo.

El perdonar es una recomendación en todas las religiones y una obligación que deberían practicar todos los seres humanos.

En el catolicismo es sabido que cuando un pecador pide perdón al Creador unos segundos previos a su muerte, ese es un acto suficiente para permitirle el paso al Paraíso, como “los perros de Dios”.

En el judaísmo una reflexión dice: “le preguntaron a Dios cuál era la condena para el pecador y Él dijo: que retorne y será perdonado (Ieruchzalmi-Makot 2-6) También se dice que “aún aquella persona que pecó y trasgredió toda la Torá durante toda su vida, y retornó a Dios antes de morir, en el cielo no le recuerden ningún pecado (Kidushin 40)

Uno de los ejemplos religiosos que encontramos en la biblia es la parábola del hijo pródigo, ese que alcanza la indulgencia del padre al regresar después de haber sido dado por perdido.

En el budismo, existen los conceptos Mettá (tierna amabilidad), Karuma (compasión), Mudita (gozo compasivo) y la Upekkhá (ecuanimidad), virtudes que se anteponen al resentimiento.

En la filosofía que impartió Jesús y que enseñó a sus discípulos sobresale la oración dirigida a su Padre: “perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”

Alberto se pregunta si la frase de “ladrón que roba a ladrón tiene 100 años de perdón” es válida.

Hace no mucho, el papa Juan Pablo II, de quien se ha dicho corría sangre judía por sus venas, llegó hasta el Muro de los Lamentos, en Jerusalén; posó sus manos en esas piedras de más de 2,500 años y leyó en voz muy baja lo que había escrito en un papelillo que enrolló y posteriormente lo dejó en uno de los intersticios de las piedras. Ávido como siempre a la publicidad realizó sus movimientos suavemente y en ocasiones se pensaba que sollozaba frente al lugar más sagrado de los judíos.

Entre las frases que contenía el mensaje sobresalía: “estamos profundamente afligidos por el comportamiento de aquellos que, en el curso de la historia, hicieron sufrir a vuestros hijos y os pedimos vuestro perdón”. Desde esa línea directa con el dios de los judíos se imploró, además, la clemencia para aquellos que con la cruz y la espada dominaron el mundo por casi dos mil años.

El mensaje fue enviado al museo memorial de la Shoah (holocausto) donde dijeron: será guardado por la eternidad.

Este tipo de mausoleos deberían extenderse a otros genocidios, como los perpetrados por los jemers rojos, en Cambodia, la desaparición de millones de rusos por el estalinismo, las bombas de Hiroshima y Nagasaki, las matanzas en Ruanda, en los Balcanes, en Turquía o las organizadas recientemente por los Estados Unidos contra cientos y cientos de miles de inocentes en todo el mundo. En México sería el dedicado a los millones de indígenas que en la conquista y en la colonia murieron sin razón.

Esos monumentos deben ser edificados para que nos recuerden en todo momento las atrocidades de que somos capaces. Sean éstos monumentos una forma de que el resto de los mortales pidamos perdón al haber ofendido a la raza humana por omisión, por silencio, por descuido. Pero, además, por ceguera, sordera, mudez y falta de sensibilidad.

Olvidar ofensas y tener indulgencia hacia los demás, deberían ser nuestros atributos no sólo el día del perdón, sino todos los días.

Alberto ha considerado siempre que es más fácil perdonar… después de haber logrado la venganza.

miércoles, 1 de octubre de 2008

9. Huecas

Palabras huecas…Frases huecas.


Con regularidad escuchamos palabras huecas o frases huecas, que no captamos en su real dimensión. Pero también, a fuerza de costumbre, en ocasiones las consideramos como verdades indiscutibles.


Desde pequeños oímos palabras y sentencias huecas: “te voy a pegar”, “vas a ver”, “se te va a secar la mano”, “te voy a acusar”, que en ocasiones se sustituyen, después de muchos esfuerzos y gritos, con una mirada o un gesto amenazador. Al final, el niño se acostumbra a lo hueco.


Mas adelante, en la escuela, los maestros o los prefectos amenazan con “te voy a reportar”, “voy a bajarte la calificación” o “te quitaré puntos” y con los compañeros escolares las peleas comienzan –o terminan- con un monosílabo: ¿qué…? con la contestación de un: ¿qué de qué…?


Comunes son las sentencias de: “todo se paga en esta vida”; “Dios te va a castigar”, “te vas a ir al infierno”, “serás excomulgado” y tantas más con las que podríamos crear un diccionario fraseológico, mientras los pecadores y agresores se botan de la risa.


Pero las sentencias huecas son parte de la vida cotidiana de los individuos e individuas; en ocasiones, obligadas para romper el vacío existencial. Hay quienes “tienen” que hablar y hablar para sentir su existencia. Otros, con los años, hablan mucho –y en ocasiones fuerte- para tapar el sonido del aleteo de la muerte en el final de su camino.


Alberto envidia a aquellos que al subir al taxi o sentarse en el sillón del peluquero inician una larga plática que les permite –además- conocer la vida y milagros del servidor. Después de incómodo silencio, los usuarios de esos servicios se sienten obligados y sueltan la primer frase inocua o insulsa –se valen las dos juntas o por separado- ¿Qué calor, verdad? o, “cada día es más difícil vivir en esta ciudad” (vale para todas las ciudades)


Así como hay diarrea por problemas estomacales hay también verborrea, que es lo mismo, pero con palabras soltadas como vómito en proyectil (término médico) y generalmente se inician con locuciones huecas que, si se pone uno a analizarlas, no dicen nada o dicen poco.


Ana Laura sale a la defensa y considera que las frases huecas son una forma de expresión de quienes no tienen nada que expresar, pero eso si, una gran necesidad de comunicarse.


Las proposiciones huecas son comunes entre los políticos que inventan una diaria, esperando que sus seguidores no las entiendan pero que queden complacidos al tener un “dirigente” que habla muy bonito.


Cada campaña presidencial –y también las no presidenciales- están cargadas de palabras y frases huecas, como las de: “hoy…” o “por el bienestar de la familia” (nunca se dijo la de quién) “honestidad valiente” o “primero los pobres”, todas acompañadas de la foto del candidato con cara de buena gente.


Con el folclórico Vicente Fox y con Hugo Chávez se puede hacer una colección de expresiones que son un monumento a la estulticia, sin descontar al señor Bush Jr., que también se ha distinguido por la estupidez. Algunas otras: “y yo porqué” o la célebre de “copelas o cuello”, fueron perlas que quedarán para la historia del negro sexenio foxista.


En este tipo de pensamientos se llevan las palmas los correspondientes a las condolencias: lo siento (déjelo acostado, diría la viuda); buenos días (qué tienen de buenos, expresaría otra); mucho gusto (gusto, porqué, apuntaría alguno de los dolientes); pero si lo ví muy bien apenas hace un par de días (comentaría dubitativo algún amigo cercano); no somos nada (cierto, nada de nada, pues ni amigo ni pariente, me equivoqué de velorio) También están las de “ay, sólo en las bodas y en los velorios nos vemos”; “déjame actualizar mi agenda”; “creo que es hora de que nos reunamos más seguido” y, la más lapidaria: “bueno, se fue la última tía de esa generación, ahora veremos quien organiza el primer velorio de la siguiente”.


El escritor español Enrique Jardiel Poncela, escribió –que eso hacen los escritores- entre otras obras, un pequeño volumen de cuentos que, decía, eran para leerse mientras se viaja en el elevador. Cierto, qué difícil es el silencio en ese tipo de cajas, mientras no haya quien rompa el hielo, que generalmente es sobre el clima de esta mañana.


Una de las mejores frases huecas que la humanidad ha formulado ha sido la de: “te caerá la justicia divina”, que dictadores, genocidas, asesinos, violadores y defraudadores de toda talla han esperado, cómodamente, y rodeados de quienes les quisieron, hasta el día de su muerte.



Frase hueca de Alberto: el mundo se va a acabar.