Todo lo que usted quiso saber sobre San Compadre y no se atrevió a preguntar.
Viejos filósofos, historiadores e investigadores de las cosas ocultas que ocurren en nuestro planeta hubieron de esperar años para descubrir que aún había mexicanos que no tenían un compadre y ni la más remota posibilidad de hacerse de uno. Causas, había muchas: Algunas podrían ser el estar feos, no estar casados (que es pecado), con sangre contaminada, esto es, pesada como plomo; ser más salados que un bacalao noruego o un chamoy acapulqueño; estar incluidos en el “tercer sexo”; o simplemente no tener a quien acudir para solicitar tan preciada condición.
Por lo difícil de esta situación hubo quienes compraban veladoras al mayoreo; unos iban a la Villita a rogar y otros a reclamar por un compadre. No faltó quien acudió a la Corte a investigar si había jurisprudencia al respecto, o con un “licenciado” de los tribunales para, mediante “una corta” o soborno, conseguir el preciado privilegio. Daba la impresión de que nunca lo lograrían.
Un día, Rafael Castilleja se dio cuenta de que un ser que rondaba cerca de sus dominios era el Iluminado que podría poner fin a esa situación angustiante de miles y miles de mexicanos: San Compadre, el santo que concedía el milagro de alcanzar la elevada posición de compadre.
Así, el tipo que nunca estuvo en esa circunstancia ahora recibía el favor y la colaboración de todos pues, es de mal gusto molestar al compadre. Como dice la canción guerrerense: ofender al compadre, es ofender al Eterno. También frase ciertísima de toda cantina que se precie de decente, es la de: “compadre que no se las pide a la comadre, no es verdadero compadre”.
Sin embargo, el haber ascendido a Mac el Iluminado al santoral, esto es a San Compadre, no le quitó lo neuras, lo cascarrabiesco y lo filósofo loco.
San Compadre –que, además, es catastrofista- advertía desde hace años la llegada de una crisis económica mundial, siguiendo a los agoreros del fracaso, a los marxistas y a los emisarios del pasado que anunciaban la caída, desde lo alto de su curva histórica, del imperio norteamericano.
La historia se repite y el mundo es una caja de resonancia donde los errores, como ecos, se reproducen en diversas épocas y con daños variables.
Para San Compadre, la crisis comenzó en los setenta, cuando los EUA abandonaron el patrón oro e iniciaron la impresión de millones y millones de billetes verdes que circularon por el mundo sin más respaldo que la “palabra” del Tesoro americano.
Así, toneladas de papeles se acumulaban en las bóvedas de bancos mientras, los Estados Unidos, compraban a crédito o contra billetes que no tenían más respaldo que la aparentemente sana economía neoliberal, dirigida por Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal.
Para muchos economistas, la presencia de Greenspan en la FED (de 1987 al 2006) fue más negativa que positiva. La actual crisis podría haberse evitado o mitigado si no se hubieran empecinado los seguidores de este financiero en implantar un ambicioso experimento estadounidense, de dar rienda suelta a las fuerzas del mercado. Greenspan, a quien apodaban El Oráculo, consideró siempre que los mercados podían manejar los peligros, mientras que sus detractores afirmaban que la economía norteamericana estaba pendiendo en un hilo en todo momento, y que los riesgos de liquidez eran muy altos.
Una de las primeras señales de esta crisis fue el enorme fraude en la Enron Corporation, en la que los amigos y protegidos del señor George W. Bush, participaron activamente.
Por otra parte, el déficit comercial de EEUU es cada vez más grande, mientras que la deuda nacional crece de manera inexorable. El Reloj Nacional de la Deuda (RND), muy cerca de Times Square, en Nueva York, contabiliza día con día la deuda del gobierno norteamericano (sin tomar en cuenta la deuda estatal, municipal, ni la de los seguros médicos, las jubilaciones, ni, mucho menos, la de las empresas privadas y las cuentas personales) La pantalla fue instalada en 1989 para poner en evidencia los 2.7 billones de dólares que había entonces de deuda; ahora, los dígitos son insuficientes, pues se ha rebasado la cifra de los 10 millones de millones de dólares.
Mientras el país del norte se desgrana con el desempleo y la falta de productividad, los bancos –sobre todo donde hay intereses judíos- han sacado carretadas de millones de dólares. Lehman Brothers Holdings Inc., sacó, cuando apenas se vislumbraba la quiebra de esta empresa de corretaje más de 400 mil millones y enviados a Israel, específicamente al Grupo Hapoalim, Banca Leumi y al Israel Discount Bank (esto afirmado por thetruthseeker.co.uk) Otros bancos han enviado también millonadas a bancos israelíes involucrados en escándalos de contratos del Pentágono, de petroleras y otros, relacionados con la señora Condoleezza, con la familia Bush, etc.
El Reino Unido nacionalizó la banca parcialmente con US$88.000 millones de dólares, Estados Unidos con US$250.000 millones de dólares, Alemania con US$109.000 millones de dólares, y Francia con US$55.000 millones de dólares. Al final –no cercano- los beneficiados de esta estafa neoliberal en EEUU serán los rescatadores Paulson-Bernanke-Bush (¿se acuerdan del Fobaproa-IPAB de Córdoba-Zedillo? Pues la nueva será como diría Gila: a lo bestia) “El rescate apesta” afirma Paul Kugman, comentarista de The New York Times.
¿Y en México? Preguntaría San Compadre.
Aquí, nuestra economía comenzó su caída en el momento en que Luís Echeverría, en un afán protagónico, inició una escalada de deudas con el Banco Mundial y con el Fondo Monetario Internacional. Los norteamericanos conocían de la inflación mexicana, pues imprimían en su país nuestros pesos. Esto duró hasta que Echeverría vendió la idea de que producir nuestros billetes sería económico y muy nacionalista. Así, se imprimieron tantos que en poco tiempo la inflación se nos vino encima junto a la devaluación del ’76 –según había anunciado Alberto con tiempo-.
Carretadas de millones de dólares se pedían al extranjero para obras que, apenas iniciadas, se olvidaban y, algunas de ellas no les ponían la primera piedra, pues ese dinero estaba ya en las cuentas suizas de altos funcionarios.
Los bancos hacían –como siempre- lo que querían. Primero, fueron los aliados del enemigo, luego del gobierno, más adelante nacionalizados, y al poco regresados a los banqueros que, en poco tiempo, querían recuperar el tiempo perdido promocionando tarjetas y créditos como volantes; finalmente, el “rescate” bancario, que será pagado con el trabajo de varias generaciones de mexicanos.
La nación logró deshacerse de los dinosaurios priístas, por corruptos (pero no tontos) decían; y llegaron los panuchos, también corruptos (pero tontos. Fox, p. Ej.)
A corto plazo, México enfrentará una recesión descomunal. La inflación no será el problema mayor, cuanto el desempleo y los conflictos sociales que podrán ser aprovechados por quienes quieren sacar raja del árbol caído.
¿Y el dólar? Podría estabilizarse entre $12.40 y $12.90 pesos por cada billete verde. El problema será que Europa nos quedará cada vez más lejos pues la anunciada recesión en EU nos arrastrará inexorablemente.
El billete verde, hoy por hoy, ha dejado de ser la moneda fuerte mundial.
Alberto hubiera querido hacerse de un buen fajo de papel moneda americana, pero su falta liquidez –efectivo- no le permitió esta especulación que, por cierto, sólo beneficiaría a las casas de cambio o a los especuladores.
Israel observa, desde su cancha los acontecimientos, en espera de con quien ahora aliarse; mientras, los comunes mortales debemos aceptar que asistimos a la redistribución de la riqueza mundial y a un nuevo reordenamiento geopolítico global, y que la esclavitud, bajo diversas formas, está marcando un precedente.
lunes, 27 de octubre de 2008
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