En cierta ocasión, San Compadre acudió al psiquiatra para intentar curar su compulsión por perseguir a las muchachas (y a las no tan muchachas).
El especialista en problemas sexuales recomendó aplicar la prueba de Rosarch y comenzó a tirar unas cartas del tamaño de las de la baraja, en las que aparecían manchas de tinta.
Tiró la primera
-Una mujer desnuda, respondió San Compadre.
Tiró la segunda
-Una pareja haciendo el amor, dijo.
Luego la tercera
-Dos mujeres desnudas, expresó sin el menor recato.
Y así siguió el examen, hasta que el psiquiatra le espetó:
-Oiga, usted no tiene nada de santo y si una mente muy enferma.
-¿Yo? –Preguntó y respondió al tiempo San Compadre- Usted es el enfermo que tiene en su consultorio esos juegos pornográficos.
Las personas mayores, aquellas que vivieron su juventud entre las décadas de los 30 o los 40, tenían absolutamente prohibido leer las novelas del escritor colombiano José María Vargas Vila,(antiimperialista, amante de la libertad y amigo de Martí) en las que se insinuaba el sexo. Es más, la santa iglesia excomulgaba a aquellos que osaran tomar esa lectura. “Solo en el amor el hombre es grande puesto de rodillas: porque el amor es la única esclavitud que no deshonra”, decía.
Para los años 50, la revista “Vea”, en la que aparecían fotografías de mujeres, todas ellas llenitas, piernudas, con lonjas desparramándose por arriba del calzón del traje de baño de dos piezas –la parte inferior parecía pantalón corto- o con medias aún de costura trasera, eran prohibidas a los jóvenes de “buena” familia.
Lo más pecaminoso en ese tiempo era comprar, en Tlaquepaque, Jalisco, gallinitas o guajolotes, que al despegarlos de su base, aparecía una pareja de barro teniendo sexo.
En los años 50 y 60, dos de las películas que llegaron a México (francesas off course) fueron: “Las Tentadoras” que trataba de la preparación de un musical y la otra, “Maternidad Prohibida”, en la que se abordaba el tema del embarazo no deseado de una jovencita. En la primera, las chicas que iban a presentarse en un centro nocturno de París aparecían con esos “bikinis” enormes y enseñando pierna y cintura abundante. En la segunda cinta, en blanco y negro, había una escena en la que la joven mostraba –horror- un turgente seno que el protagónico observaba mientras ella dormía.
Ambas películas eran prohibidas para menores de 21 años y se requería de cartilla de identificación que checaban minuciosamente los inspectores de la sala.
Luego vino “Un hombre y una mujer”, película con una bellísima música a cargo de Francis Lai, a la que cerraban el paso a los jóvenes que pretendían entrar a la sala cinematográfica en los años 70. También prohibidas, esa década, “Perro Mundo”, I y II, que marcaron historia con su música y apertura a un mundo que pocos conocían.
Las películas de esas décadas, 50, 60 y 70, son ahora observadas con ojos de tedio en horario infantil.
En España, después de la muerte de Francisco Franco, vino lo que dio por llamarse “el destape”, donde una sociedad, reprimida por décadas, de pronto se libera y explota.
Pero no sólo en la península Ibérica, sino en todo el mundo, lo porno era lo actual. En México, la visita a las bellas playas de Zipolite, Oaxaca, con desnudos integrales, dejó de ser sorpresa, lo mismo que los clubes Med de todo el país. De esta forma, estar encuerado era lo “in”.
Los programas televisivos, como las películas actuales, presentan a hombres y mujeres que no dejan nada a la imaginación.
Dónde comienza el arte y dónde lo porno, es una pregunta que la sociedad no responde claramente; la religión está en el extremo y todo lo ve pecaminoso y los vanguardistas consideran que en materia de arte aún falta mucho por mostrar.
Así, lo porno está en la mente y todo es del color con que se mire.
Laura y Alberto son bastante liberales, libre pensadores y nada asustadizos, por lo que aceptan sin ambages la libertad de los jóvenes. En cambio, San Compadre sigue considerando que su psiquiatra es un enfermo sexual al que hay que recluir en un hospital especializado.
Mientras tanto, dejamos a San Compadre releyendo su colección de revistas del Play Boy y escuchando la música de Francis Lai con “Un hombre y una mujer”.
lunes, 24 de noviembre de 2008
# 16. Velices
Ciudad Valles es el único lugar del país en donde a los muertos los entierran con cobija (por si tienen frío en el infierno) Está en una selva encajonada entre montes, niebla caliente casi siempre y con un río que le cruza de lado a lado, convirtiéndole en una olla de presión.
Mientras transcurría la tarde (la única hora en que era algo soportable ese infierno huasteco) Alberto recorría la calle principal de esa ciudad, hasta llegar al río que tiene el mismo nombre del lugar. Recordó los años de su infancia, nadando en ese caudal, no importando si era época de lluvias o de estiaje. Él y un compañero de primaria, cuyo nombre se había desvanecido en el laberinto de la desmemoria, conocían todos los recodos y vados del río donde pescaban mojarras, bagres y camarones.
En esa visita -hace mucho tiempo- Alberto conoció a un niño –de unos nueve años- que, en medio de la bruma de la noche, esperaba junto a una camioneta pick-up, iniciar un viaje desde Ciudad Valles.
El chamaco aguardaba a alguien, acompañado únicamente de un pequeño veliz de lámina pintada de azul, que se cerraba con dos broches y un cinturón de cuero.
-¿A dónde vas? Le preguntó Alberto.
-A México.
-¿Porqué te vas?
-Ya no quiero vivir aquí.
-¿No eres feliz aquí?
-No.
Luego, con frases entrecortadas, a su manera, le comentó que en ese lugar era donde más dolor se le había infringido. Que odiaba Valles.
El niño quiso mover el veliz, pero éste se abrió, esparciendo su heredad.
Alberto se acomidió a reordenar las pertenencias del chaval: la Divina Comedia -de pasta azul y con bellísimas reproducciones de Durero- Había dos plumas, imitación Parker, que –dijo- le había regalado una vecina como despedida, además de dos o tres cuadernos, testimoniales de su primaria, y otras pequeñas riquezas.
Cuando llegaron por él, la Divina Comedia le fue decomisada y obligado a regresar las plumas a quien se las obsequió. Así, el veliz salió rumbo a la ciudad de México con sólo sus cuadernos, una fotografía donde aparecía abrazando a una niña más pequeña (¿sería su hermanita?) una bolsa de canicas y unos luchadores de plástico.
Alberto, que fue testigo mudo de todo ese proceso, muchas veces se preguntó qué sería del veliz de lámina color azul y sus tesoros; y si el niño –cuyo nombre nunca supo- cuando llegó a la capital, tendría un nuevo hogar o fue botado en el quicio de la puerta de algún pariente. Ensueños que se impregnan en la mente.
Los velices, a diferencia de las maletas, petacas y baúles, no son reconocidos por las nuevas generaciones, que sólo acertan a preguntar por la palabra: ¿qué es un veliz?
En las películas de las primeras décadas del siglo pasado, aparecen los migrantes que llegan a Nueva York; se observa cómo esa gente baja velices amarrados con mecates o cintos de cuero de destartalados camiones que hacían de estibadores del barco a la aduana. En cada uno de los velices venían recuerdos que pronto se diluirían en el sueño americano.
En México, en las litografías de finales del siglo diecinueve y principios del veinte, aparecen las señoras de alcurnia llegando a Veracruz y, atrás de ellas se aprecia a los mecapaleros cargando sus enormes velices.
El veliz ha sido motivo de muchas historias:
Las que narraron los sobrevivientes del Titanic, y que referían a personas que se aferraban a velices que flotaban entre trozos de hielo, esperando el imposible rescate o la muerte segura.
La de la novia que, furtivamente, escapa por la ventana o el traspatio.
Recordar ese veliz que acompañó el brillo de los ojos verdi pardos de la novia, aquél al que le grabaron su nombre los enamorados, en medio de un corazón; testigo de momentos intensos en que los amantes se entregaban y hacían el amor.
Juntos, los jóvenes acercan mano con mano mientras sostienen el asa del veliz donde van guardadas todas sus ilusiones. Días felices que representa ese cajón de cuero o de lámina.
Veliz que alguna vez salió del pueblo, empolvado y endurecida la baqueta, como compañero fiel del que migra a las grandes ciudades en busca de mejores condiciones de vida.
Ahora, Sansonite, ícono indiscutible de implementos para viajes, ha iniciado la fabricación a mano de velices de la nostalgia, a semejanza de los que se usaban en los años 20 y 30 del pasado siglo.
A los abuelos, los velices Trunk junto con los baúles Shwayder Brothers, de edición limitada, seguramente les recordarán esos tiempos en que viajar por los polvorientos caminos el país, las vías férreas de los Estados Unidos o navegar en lujosos trasatlánticos a Europa, era toda una aventura.
Alberto se pregunta si el niño que salió del infierno de Valles, con sólo un tesoro: un veliz de lámina pintada de azul, sólo existió en la mente observadora del escritor.
Mientras transcurría la tarde (la única hora en que era algo soportable ese infierno huasteco) Alberto recorría la calle principal de esa ciudad, hasta llegar al río que tiene el mismo nombre del lugar. Recordó los años de su infancia, nadando en ese caudal, no importando si era época de lluvias o de estiaje. Él y un compañero de primaria, cuyo nombre se había desvanecido en el laberinto de la desmemoria, conocían todos los recodos y vados del río donde pescaban mojarras, bagres y camarones.
En esa visita -hace mucho tiempo- Alberto conoció a un niño –de unos nueve años- que, en medio de la bruma de la noche, esperaba junto a una camioneta pick-up, iniciar un viaje desde Ciudad Valles.
El chamaco aguardaba a alguien, acompañado únicamente de un pequeño veliz de lámina pintada de azul, que se cerraba con dos broches y un cinturón de cuero.
-¿A dónde vas? Le preguntó Alberto.
-A México.
-¿Porqué te vas?
-Ya no quiero vivir aquí.
-¿No eres feliz aquí?
-No.
Luego, con frases entrecortadas, a su manera, le comentó que en ese lugar era donde más dolor se le había infringido. Que odiaba Valles.
El niño quiso mover el veliz, pero éste se abrió, esparciendo su heredad.
Alberto se acomidió a reordenar las pertenencias del chaval: la Divina Comedia -de pasta azul y con bellísimas reproducciones de Durero- Había dos plumas, imitación Parker, que –dijo- le había regalado una vecina como despedida, además de dos o tres cuadernos, testimoniales de su primaria, y otras pequeñas riquezas.
Cuando llegaron por él, la Divina Comedia le fue decomisada y obligado a regresar las plumas a quien se las obsequió. Así, el veliz salió rumbo a la ciudad de México con sólo sus cuadernos, una fotografía donde aparecía abrazando a una niña más pequeña (¿sería su hermanita?) una bolsa de canicas y unos luchadores de plástico.
Alberto, que fue testigo mudo de todo ese proceso, muchas veces se preguntó qué sería del veliz de lámina color azul y sus tesoros; y si el niño –cuyo nombre nunca supo- cuando llegó a la capital, tendría un nuevo hogar o fue botado en el quicio de la puerta de algún pariente. Ensueños que se impregnan en la mente.
Los velices, a diferencia de las maletas, petacas y baúles, no son reconocidos por las nuevas generaciones, que sólo acertan a preguntar por la palabra: ¿qué es un veliz?
En las películas de las primeras décadas del siglo pasado, aparecen los migrantes que llegan a Nueva York; se observa cómo esa gente baja velices amarrados con mecates o cintos de cuero de destartalados camiones que hacían de estibadores del barco a la aduana. En cada uno de los velices venían recuerdos que pronto se diluirían en el sueño americano.
En México, en las litografías de finales del siglo diecinueve y principios del veinte, aparecen las señoras de alcurnia llegando a Veracruz y, atrás de ellas se aprecia a los mecapaleros cargando sus enormes velices.
El veliz ha sido motivo de muchas historias:
Las que narraron los sobrevivientes del Titanic, y que referían a personas que se aferraban a velices que flotaban entre trozos de hielo, esperando el imposible rescate o la muerte segura.
La de la novia que, furtivamente, escapa por la ventana o el traspatio.
Recordar ese veliz que acompañó el brillo de los ojos verdi pardos de la novia, aquél al que le grabaron su nombre los enamorados, en medio de un corazón; testigo de momentos intensos en que los amantes se entregaban y hacían el amor.
Juntos, los jóvenes acercan mano con mano mientras sostienen el asa del veliz donde van guardadas todas sus ilusiones. Días felices que representa ese cajón de cuero o de lámina.
Veliz que alguna vez salió del pueblo, empolvado y endurecida la baqueta, como compañero fiel del que migra a las grandes ciudades en busca de mejores condiciones de vida.
Ahora, Sansonite, ícono indiscutible de implementos para viajes, ha iniciado la fabricación a mano de velices de la nostalgia, a semejanza de los que se usaban en los años 20 y 30 del pasado siglo.
A los abuelos, los velices Trunk junto con los baúles Shwayder Brothers, de edición limitada, seguramente les recordarán esos tiempos en que viajar por los polvorientos caminos el país, las vías férreas de los Estados Unidos o navegar en lujosos trasatlánticos a Europa, era toda una aventura.
Alberto se pregunta si el niño que salió del infierno de Valles, con sólo un tesoro: un veliz de lámina pintada de azul, sólo existió en la mente observadora del escritor.
# 15. Administrar
Para San Compadre, es igualmente feliz un hombre que tiene 58,200 millones de dólares que uno que tiene sólo 7,840 millones de dólares. Claro debe ser doloroso para la familia Slim H. ver que su capital bajó de 58,200 millones de dólares a 42,800 mmd* (26.5%) o para la familia Salinas Pliego que su capital se reduzca de 7,840 mmd a poco menos de 5,920 mmd (24.5%) Así, en unas cuantas semanas, la familia Slim se empobreció 15,400 mmd mientras que la familia Salinas Pliego, en sólo 1,920 mmd.
San Compadre es un filósofo que cuida su poco capital y magro salario; lo contrario de Alberto, quien -como diría Josefinita- le quema el dinero en las manos.
La crisis de la que todos hablan, no llegado aún a las clases medias (pocas que quedan) o a las bajas, pues los grandes empresarios apenas han iniciado el ajuste de gastos, y sobre todo, de personal. La mayoría de ellas se están deshaciendo del 30 por ciento de su plantilla, y esta acción no respeta niveles ni especialidades. Los desplazados se sumarán al desempleo actual, de poco más de cuatro millones, además de los dos millones de indocumentados que regresarán de los EEUU.
De los países latinoamericanos, México, es el más vulnerable, sin rutas de escape. Su relación comercial, financiera y de inversión con los Estados Unidos raya en la dependencia casi absoluta.
Sin ser catastrofista, sólo observador, San Compadre ve la venta de petróleo (su principal ingreso) a la baja y las remesas de los paisanos (segundo ingreso) cada vez menores; sin contar con que el 80% de los intercambios son con los Estados Unidos, de donde llega el 70% de la inversión extranjera. El efecto dominó nos afectará en inflación y en el sector industrial y el de la construcción.
Los peores efectos de la crisis se esperan a partir de febrero del 2009.
Después de ver el saldo de la chequera y de la tarjeta de crédito de Alberto, San Compadre recomendaría:
Cuidar el trabajo. Esto implica tener una actitud positiva y ser más eficiente. No perder el tiempo y hacer el trabajo con excelencia.
Bajar el nivel de gastos personales. Revise sus gastos y apriete el cinturón. No gastar en cosas que no sean verdaderamente indispensables.
Ahorrar lo más posible. Cuidar el agua, gasolina, electricidad, etc. Incluso, vender uno de los autos, que paga tenencia, seguro, etc.
Mantener nuestro dinero en el banco. Es más seguro.
Bajar lo más posible sus deudas, sobre todo aquellas que no tienen tasa fija, como son las tarjetas de crédito. NO pague sólo el mínimo, pues terminará de pagar en casi once años el total.
Analice la tasa de interés que está pagando por sus deudas.
No es lo mismo usar varias tarjetas de crédito que endeudarse con una sola TC. Lo ideal es cancelar algunas y pagar al mes el total de la que le quede.
En los créditos hipotecarios (Infonavit, etc.) a tasa fija, es mejor no adelantar pagos, sino ahorrar ese dinero.
No compre las ofertas de “X meses sin intereses. En este sistema su sueldo se reduce todos los meses que usted firmó, y al final le costará más dinero.
No es momento de prestar a ninguna persona. Esa persona puede estar ahogándose en deudas y se lo puede llevar en el naufragio.
Manténgase saludable, usted y su familia. Las enfermedades cuestan mucho dinero. Póngase a dieta, bajen de peso, hagan ejercicio.
Comente esto con su familia. Es importante que su pareja y sus hijos entiendan que estamos viviendo momentos muy difíciles.
¿Cuánto durará la crisis? La respuesta sería: como mínimo seis meses, pero podría durar años.
No es el objetivo de esta reflexión alarmar a los seguidores de San Compadre y de Alberto. La intención es informar y advertir que México no está aislado en el mundo y que depende, en gran medida de la economía estadounidense.
* Millones de dólares
San Compadre es un filósofo que cuida su poco capital y magro salario; lo contrario de Alberto, quien -como diría Josefinita- le quema el dinero en las manos.
La crisis de la que todos hablan, no llegado aún a las clases medias (pocas que quedan) o a las bajas, pues los grandes empresarios apenas han iniciado el ajuste de gastos, y sobre todo, de personal. La mayoría de ellas se están deshaciendo del 30 por ciento de su plantilla, y esta acción no respeta niveles ni especialidades. Los desplazados se sumarán al desempleo actual, de poco más de cuatro millones, además de los dos millones de indocumentados que regresarán de los EEUU.
De los países latinoamericanos, México, es el más vulnerable, sin rutas de escape. Su relación comercial, financiera y de inversión con los Estados Unidos raya en la dependencia casi absoluta.
Sin ser catastrofista, sólo observador, San Compadre ve la venta de petróleo (su principal ingreso) a la baja y las remesas de los paisanos (segundo ingreso) cada vez menores; sin contar con que el 80% de los intercambios son con los Estados Unidos, de donde llega el 70% de la inversión extranjera. El efecto dominó nos afectará en inflación y en el sector industrial y el de la construcción.
Los peores efectos de la crisis se esperan a partir de febrero del 2009.
Después de ver el saldo de la chequera y de la tarjeta de crédito de Alberto, San Compadre recomendaría:
Cuidar el trabajo. Esto implica tener una actitud positiva y ser más eficiente. No perder el tiempo y hacer el trabajo con excelencia.
Bajar el nivel de gastos personales. Revise sus gastos y apriete el cinturón. No gastar en cosas que no sean verdaderamente indispensables.
Ahorrar lo más posible. Cuidar el agua, gasolina, electricidad, etc. Incluso, vender uno de los autos, que paga tenencia, seguro, etc.
Mantener nuestro dinero en el banco. Es más seguro.
Bajar lo más posible sus deudas, sobre todo aquellas que no tienen tasa fija, como son las tarjetas de crédito. NO pague sólo el mínimo, pues terminará de pagar en casi once años el total.
Analice la tasa de interés que está pagando por sus deudas.
No es lo mismo usar varias tarjetas de crédito que endeudarse con una sola TC. Lo ideal es cancelar algunas y pagar al mes el total de la que le quede.
En los créditos hipotecarios (Infonavit, etc.) a tasa fija, es mejor no adelantar pagos, sino ahorrar ese dinero.
No compre las ofertas de “X meses sin intereses. En este sistema su sueldo se reduce todos los meses que usted firmó, y al final le costará más dinero.
No es momento de prestar a ninguna persona. Esa persona puede estar ahogándose en deudas y se lo puede llevar en el naufragio.
Manténgase saludable, usted y su familia. Las enfermedades cuestan mucho dinero. Póngase a dieta, bajen de peso, hagan ejercicio.
Comente esto con su familia. Es importante que su pareja y sus hijos entiendan que estamos viviendo momentos muy difíciles.
¿Cuánto durará la crisis? La respuesta sería: como mínimo seis meses, pero podría durar años.
No es el objetivo de esta reflexión alarmar a los seguidores de San Compadre y de Alberto. La intención es informar y advertir que México no está aislado en el mundo y que depende, en gran medida de la economía estadounidense.
* Millones de dólares
# 14. Brujas
Abigail Williams, quien estaba a punto de cumplir quince años de edad, nunca imaginó que una maledicencia iba costar la vida a 25 personas, además de tortura y prisión a otras 200 aproximadamente.
Abigail mantenía relaciones con John Proctor, un hombre casado, mayor que ella al que presionaba –su precocidad no le quitaba lo chantajista, sádica e inmoral- para que se deshiciera de su mujer y huir de Salem. Proctor, por su parte, fue testigo de una danza de Abigail con dos amigas totalmente desnudas, en el bosque. Así, hubo un empate técnico que tenía que ser destrabado; para ello, consultaron a los reverendos Parris y Hale, quienes recomendaron decir que vieron a una mujer –de la que se que se querían deshacer- danzando con el diablo, y desviar así los pecadillos de la pareja, iniciándose una verdadera cacería de brujas, que al final costó la vida a la esposa de John y a 24 personas más.
El juicio de las brujas de Salem fue tomado por Arthur Miller para su novela The Crucible (el crisol). Frente al jurado –escribe Miller- “Abigail se levanta, como inspirada, y grita…”
Las brujas han acompañado al ser humano por siglos. La mujer griega llevaba dentro de sí “un animal sin alma”, esto es, la hystéra (el mismo útero) que siglos adelante las doctrinas agustinianas consideraron como la expresión de la convulsión uterina y del goce sexual, esto es, la intervención del demonio en el cuerpo femenino.
Pero no paró ahí la satanización de las mujeres histéricas, pues es sabido que el tratado Malleus maleficarum –el martillo de las brujas- de los monjes dominicos Kraner y Sprenger, envió a la hoguera a miles de féminas condenadas como brujas o poseídas, inventando así la inquisición.
La Biblia, sobre todo el antiguo Testamento, prohíbe la magia al señalar que “no realizaréis adivinación ni magia” (Levítico 19.26; Deuteronomio 10.10), mientras que Lutero, en la traducción que hace del Éxodo (22.17) sentencia: “las magas no las dejarás vivir”.
La ignorancia de los pueblos ha llevado a la hoguera o al cadalso, a miles de mujeres inocentes, como fue el caso de la filósofa y matemática Hypatia, a quien, en Alejandría, los cristianos (constantinos) desollaron, utilizando conchas de mar, iniciándose aquí la irracionalidad cristiana.
Claque…claque…claque, así se comunicaba la bruja que aparecía en las tiras cómicas de la pequeña Lulú, cuando la niña se perdía en el bosque buscado fresas silvestres. También Hansen y Gretel, tuvieron su bruja mala, y no se diga la que le tocó a Blanca Nieves, quien tuvo que vivir y luego dormir –la princesa- con siete enanos. No podemos olvidarnos de Hermelinda Linda con su súper buenísima sobrina, o de la bruja de Cachirulo.
A nuestras tierras, las brujas llegaron con los españoles y con los esclavos africanos. En Cuba, Alberto recorrió el museo de la santería de Guanabacoa, muy cerca de La Habana. El recorrido por el lugar permite conocer los altares dedicados a las diferentes deidades –la mayoría yorubas- Cada cuarto es diferente y dan la sensación que el sincretismo afro antillano es de buena onda, como dicen los jóvenes. Sin embargo, cuando se llega al último cuarto, de inmediato se siente la mala vibra: es el dedicado al Vudú. Candelas negras, tierra de panteón, huesos humanos molidos y fetiches de malignos provocan un rechazo automático del visitante.
A la salida, una bruja buena tira los caracoles sobre una vieja charola de madera. “Yemayá te acompañará por siempre”, le dice a Alberto.
En México, desde la colonia, con la “Santa” Inquisición, hasta nuestros días, las brujas, como los curas, son para nuestro ignorante pueblo, las psicólogas, consejeras, conseguidoras, hechiceras del amor y del desamor.
Así como en el pasado las brujas practicaban el ergotismo, esto es, intoxicar a sus clientes con pan de centeno fermentado que hacía las veces del LSD, María Sabina, en la sierra de Oaxaca, proveía a sus seguidores de hongos alucinógenos que, se dice, consumieron hasta los propios Beatles. Carlos Castaneda, don Juan, describe a sus brujos y brujas mexicanas, alimentándose con extraños brebajes.
En el México moderno hay los extremos. En Catemaco, las prácticas brujeriles son de buena onda, como también en el mercado Sonora, de la capital, donde se puede encontrar un sinnúmero de mejunjes, pócimas, hechizos, maleficios y fetiches de todo tipo.
En el otro lado de la moneda, recientemente, dos mujeres asesinaron a dos jóvenes, de 17 y 15 años, para sus prácticas satánicas. Este tipo de actividades tuvieron gran resonancia hace años, en el norte de México, cuando un grupo conocido como los “narcos-satánicos” sacrificaban mujeres y niños, en sus orgías demoníacas.
Las brujas han sido vistas viajando en escobas o preparando sus hechizos en enormes peroles. La verruga en la nariz es imprescindible, así como horribles dientes y estridentes risotadas en noches de luna.
En el estado de Guanajuato hay una localidad llamada “Puente de Brujas”, de sólo 17 habitantes y, que se sepa, ninguna de las damas es hechicera.
Una bruja propuso a Alberto quitarle la sal a una pretensa mediante un conjuro y por la módica cantidad de 100 pesos. Alberto ofreció a la encantadora mil pesos si le quitaba el azúcar en lugar de la sal, pues la diabetes le pegó muy duro a su acompañante.
Él sigue pensando en hacerse una “limpia” con las brujas de Catemaco, pero la crisis financiera internacional le ha dejado tan “bruja” que no le ha quedado ni para el pasaje, así que seguirá confiando sólo en su buena estrella.
Abigail mantenía relaciones con John Proctor, un hombre casado, mayor que ella al que presionaba –su precocidad no le quitaba lo chantajista, sádica e inmoral- para que se deshiciera de su mujer y huir de Salem. Proctor, por su parte, fue testigo de una danza de Abigail con dos amigas totalmente desnudas, en el bosque. Así, hubo un empate técnico que tenía que ser destrabado; para ello, consultaron a los reverendos Parris y Hale, quienes recomendaron decir que vieron a una mujer –de la que se que se querían deshacer- danzando con el diablo, y desviar así los pecadillos de la pareja, iniciándose una verdadera cacería de brujas, que al final costó la vida a la esposa de John y a 24 personas más.
El juicio de las brujas de Salem fue tomado por Arthur Miller para su novela The Crucible (el crisol). Frente al jurado –escribe Miller- “Abigail se levanta, como inspirada, y grita…”
Las brujas han acompañado al ser humano por siglos. La mujer griega llevaba dentro de sí “un animal sin alma”, esto es, la hystéra (el mismo útero) que siglos adelante las doctrinas agustinianas consideraron como la expresión de la convulsión uterina y del goce sexual, esto es, la intervención del demonio en el cuerpo femenino.
Pero no paró ahí la satanización de las mujeres histéricas, pues es sabido que el tratado Malleus maleficarum –el martillo de las brujas- de los monjes dominicos Kraner y Sprenger, envió a la hoguera a miles de féminas condenadas como brujas o poseídas, inventando así la inquisición.
La Biblia, sobre todo el antiguo Testamento, prohíbe la magia al señalar que “no realizaréis adivinación ni magia” (Levítico 19.26; Deuteronomio 10.10), mientras que Lutero, en la traducción que hace del Éxodo (22.17) sentencia: “las magas no las dejarás vivir”.
La ignorancia de los pueblos ha llevado a la hoguera o al cadalso, a miles de mujeres inocentes, como fue el caso de la filósofa y matemática Hypatia, a quien, en Alejandría, los cristianos (constantinos) desollaron, utilizando conchas de mar, iniciándose aquí la irracionalidad cristiana.
Claque…claque…claque, así se comunicaba la bruja que aparecía en las tiras cómicas de la pequeña Lulú, cuando la niña se perdía en el bosque buscado fresas silvestres. También Hansen y Gretel, tuvieron su bruja mala, y no se diga la que le tocó a Blanca Nieves, quien tuvo que vivir y luego dormir –la princesa- con siete enanos. No podemos olvidarnos de Hermelinda Linda con su súper buenísima sobrina, o de la bruja de Cachirulo.
A nuestras tierras, las brujas llegaron con los españoles y con los esclavos africanos. En Cuba, Alberto recorrió el museo de la santería de Guanabacoa, muy cerca de La Habana. El recorrido por el lugar permite conocer los altares dedicados a las diferentes deidades –la mayoría yorubas- Cada cuarto es diferente y dan la sensación que el sincretismo afro antillano es de buena onda, como dicen los jóvenes. Sin embargo, cuando se llega al último cuarto, de inmediato se siente la mala vibra: es el dedicado al Vudú. Candelas negras, tierra de panteón, huesos humanos molidos y fetiches de malignos provocan un rechazo automático del visitante.
A la salida, una bruja buena tira los caracoles sobre una vieja charola de madera. “Yemayá te acompañará por siempre”, le dice a Alberto.
En México, desde la colonia, con la “Santa” Inquisición, hasta nuestros días, las brujas, como los curas, son para nuestro ignorante pueblo, las psicólogas, consejeras, conseguidoras, hechiceras del amor y del desamor.
Así como en el pasado las brujas practicaban el ergotismo, esto es, intoxicar a sus clientes con pan de centeno fermentado que hacía las veces del LSD, María Sabina, en la sierra de Oaxaca, proveía a sus seguidores de hongos alucinógenos que, se dice, consumieron hasta los propios Beatles. Carlos Castaneda, don Juan, describe a sus brujos y brujas mexicanas, alimentándose con extraños brebajes.
En el México moderno hay los extremos. En Catemaco, las prácticas brujeriles son de buena onda, como también en el mercado Sonora, de la capital, donde se puede encontrar un sinnúmero de mejunjes, pócimas, hechizos, maleficios y fetiches de todo tipo.
En el otro lado de la moneda, recientemente, dos mujeres asesinaron a dos jóvenes, de 17 y 15 años, para sus prácticas satánicas. Este tipo de actividades tuvieron gran resonancia hace años, en el norte de México, cuando un grupo conocido como los “narcos-satánicos” sacrificaban mujeres y niños, en sus orgías demoníacas.
Las brujas han sido vistas viajando en escobas o preparando sus hechizos en enormes peroles. La verruga en la nariz es imprescindible, así como horribles dientes y estridentes risotadas en noches de luna.
En el estado de Guanajuato hay una localidad llamada “Puente de Brujas”, de sólo 17 habitantes y, que se sepa, ninguna de las damas es hechicera.
Una bruja propuso a Alberto quitarle la sal a una pretensa mediante un conjuro y por la módica cantidad de 100 pesos. Alberto ofreció a la encantadora mil pesos si le quitaba el azúcar en lugar de la sal, pues la diabetes le pegó muy duro a su acompañante.
Él sigue pensando en hacerse una “limpia” con las brujas de Catemaco, pero la crisis financiera internacional le ha dejado tan “bruja” que no le ha quedado ni para el pasaje, así que seguirá confiando sólo en su buena estrella.
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