Un candado ha significado extremos de amor, de odio, de libertad, de prisión y hasta de magia. En política y negocios se pactan candados, esto es, amarres entre corrientes o intereses. Al final, todos atan.
En las pinturas egipcias puede apreciarse a personajes con llaves en las manos y en África se han encontrado cerraduras y candados de madera muy antiguos, mientras que los chinos, desde hace miles de años, fabrican estos artículos, muchos de ellos a base de discos.
Un grupo de cerrajeros mexicanos acudieron a una boda en Mérida, España, y en la recepción, los novios regalaron como recuerdo de ese acontecimiento, una réplica del un candado y su llave, idéntico al encontrado en las ruinas romanas del lugar.
En Europa, en el siglo XV aparecieron los primeros cerrajeros, y se dice que el rey Luís XVI (muerto en la guillotina) fabricaba sus propios candados y cerraduras, algunos de ellos de impresionante complejidad.
En la cultura celta, los druidas o sacerdotes-magos, entregaban al alumno que sobresalía un candado con enmarañadas figuras y tenía el objetivo de que, quien había aprendido la lección, lo conservara como un trofeo. Entre más candados obtuvieran, mayor sería su puntaje como magos druidas.
La Catedral metropolitana de la ciudad de México tiene un altar con cientos de candados, cada uno de ellos es un ex voto que protege, a quien lo lleva, contra las intrigas, los chismes y las maledicencias. El altar está dedicado a un hombre –se cuenta - que predicaba en tierra de infieles y que callaron colocándole un candado en la boca.
Federico Moccia, escribió una novela llamada “Tengo ganas de ti”, de la que vendió 1.1 millones de ejemplares. En la obra, un joven enamorado quiere convencer a su amada de la sinceridad de su amor; para ello, rodea con una cadena el tercer farol del lado norte del puente Milvio, en Roma, y la cierra con un candado. A continuación, tiró las llaves al río. El puente es uno de los más antiguos (206 a. C.) al que confluían importantes vías en la antigua capital del imperio romano. Hoy en día, tuvo que colocarse un farol aparte para los candados que llevan los amantes de todo el mundo. El original estaba, literalmente, doblándose por el peso de miles de ellos.
A finales del siglo XVII salió el candado Polhem, escandinavo, que durante más de doscientos años, fue considerado el mejor, hasta que Master Lock inventó un nuevo sistema, que hasta nuestros días sigue en circulación.
Cuántas películas hemos visto en las que con un disparo el candado sale volando por los aires (la película Ronin, es un ejemplo) La triste realidad es que se han hecho pruebas con pistolas de diversos calibres, e inclusive con rifles de asalto, y los candados siguen sin abrirse. Así que, si son perseguidos y al final hay una puerta con un candado…lo mejor es que busquen otra forma de escapar.
En España se oye con cierta frecuencia la frase de echarle “siete candados al sepulcro del Cid”, que no es más que una forma de decir: olvidemos el pasado y avancemos hacia el futuro.
En la novela “Los triángulos sexuales” (de Octavio Raziel) uno de los personajes, el secuestrado, logra escapar abriendo el candado que le ataba a una cadena, fabricando una ganzúa y un forzador improvisados.
El húngaro Ehrich Weiss, un judío emigrado a los Estados Unidos, cambió su nombre para convertirse en el ilusionista Harry Houdini (1874-1926) especializado en escapismo y no hubo candado o cadena que se le resistieran.
Alberto, en una visita que hizo a una joyería, una persona dejó olvidada una bolsa en el mostrador. La dependiente la quitó del mueble en espera de que la dueña regresara por ella, lo que aconteció minutos después.
-Como en el cuento. Dijo Alberto.
Intrigados, el dueño de la joyería y la dependiente, preguntaron ¿cual cuento?
En cierta ocasión –le contaron- una turista inglesa dejó una bolsa en una joyería. Pero esa vez la persona no regresó. Después de horas decidieron conocer del contenido de la bolsa. El resultado fue que había un candado muy caro y con fama de ser uno de los mejores del mundo; traía, inclusive, la nota de venta de una prestigiosa ferretería. Pasaron un par de semanas, y una mañana se encontraron con que el candado de la cortina había sido inutilizado con ácido y con claras señas de intento de ruptura. Antes de ir a comprar uno nuevo, alguien recordó el candado que nunca recogieron, así que este era el momento ideal de utilizarlo. A la mañana siguiente, el candado estaba cerrado, y todo, al parecer, en perfecto orden, sólo que al abrir el negocio, vitrinas y anaqueles habían sido totalmente vaciados.
Esto es lo que se llama un engaño en diferido.
Por otra parte, debemos recordar que en cuestión de amores, “la puerta negra” es el ejemplo de que, ni con cien candados, pueden separar a los enamorados.
lunes, 1 de diciembre de 2008
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